De un operador cyberK de Sampa recibí el video de casi 1 hora con la exposición ante el Senado de Axel Kicillof, nuevo hombre fuerte de la economía argentina y, según informaciones, eminencia parda por detrás del proyecto de expropiación del 51% de YPF que pertenecía a Repsol.
Kicillof es diferente de los señores trajeados que suelen ocupar esos puestos. A los 41 años, doctor en economía, pasa lejos del saco, la corbata y la maquinita de afeitar. Su tesis de doctorado sobre John Maynard Keynes habría sido muy festejada. Fue profesor de la UBA, aunque ahora tiene ocupación más rentable. Debe ser por eso que aludió varias veces a los libros de texto que abominaría.
A pesar de su pretendido nivel universitario Kicillof habla como un chico recién salido de la secundaria: adopta un tono indignado, se queda sin aliento en medio de la frase, interrumpe a si mismo, pasa de sopetón de un tema a otro y en el intento de justificar la decisión hace curiosas ensaladas. Llama de payasos y papanatas (¿habrá aprendido con Aníbal?) a los que no comulgan con sus ideas que se quieren pretendidamente revolucionarias.
A pesar de su pretendido nivel universitario Kicillof habla como un chico recién salido de la secundaria: adopta un tono indignado, se queda sin aliento en medio de la frase, interrumpe a si mismo, pasa de sopetón de un tema a otro y en el intento de justificar la decisión hace curiosas ensaladas. Llama de payasos y papanatas (¿habrá aprendido con Aníbal?) a los que no comulgan con sus ideas que se quieren pretendidamente revolucionarias.
Pero, como en la canción de los ’70, “la pinta es lo de menos” (el muchacho ascendió meteóricamente y ya aparece en las revistas de la farándula). Lo que importa ahora es confrontar lo que se dice con lo que se hace como forma de saber si a uno le dicen la verdad o si, al contrario, le están contanto un cuento.
En su speech Kicillof dedicó largos minutos al defenestrado ex presidente de Repsol-YPF Antonio Brufau, a quien pintó como demonio ganancioso sólo interesado en hacer dinero a costa del consumidor argentino. Brufau y los directivos de Repsol no deben ser santos. Es muy probable que hayan especulado con el aumento del precio internacional del petróleo que Kicillof reconoció sería comportamiento natural del empresario, pero fue muy eficiente al fijar la imagen de un dirigente de empresa a quien los intereses de nuestro país le importan un rábano.
Lo que pocos notaron (casi no hay comentarios al respecto) es que el cuadro de desinversión y caída de la producción de hidrocarburos de los últimos años relatado por Kicillof deja muy mal parado al Sr. Ministro Julio De Vido, que estaba a su lado y hace 9 largos años, con dos presidentes, es el máximo responsable de la política energética argentina.
El relato de Kicillof no explica por qué sólo ahora, luego de años de deterioro de la situación energética, se acuerdan de expropiar el 51% que le daba a Repsol el control accionario de YPF.
Tampoco explica por qué, si lo que se busca es que YPF vuelva a ser una empresa 100% nacional, se permite la continuidad de otros accionistas privados y hasta extranjeros, como es el caso de British Gas y la propia Repsol, ni por qué, dias antes de la expropiación, concedieron por todo el país decenas de áreas de explotación a grupos empresarios que nada tienen que ver con el negocio del petróleo.
Por último, ni una palabra de Kicillof sobre por qué, en el decreto presidencial, se pretende que la re-estatizada YPF quede fuera del alcance de la AGN y de cualquier otro órgano de control. Todo muy extraño.
Falsa la repetida premisa de que para controlar a Repsol-YPF en manos privadas “habría que armar una estructura tan grande como la de YPF”. Nadie puede creerse tal falacia. Cualquiera que alguna vez haya pisado una industria lo sabe: los recursos necesarios para sólo controlarla son infinitamente menores que los que se necesitan para explorar, producir y comercializar.
Es el punto donde los economistas teóricos fallan: necesitan poner las manos en la masa. Kicillof se dará cuenta cuando los problemas le empiecen a explotar en las manos y entonces dirá que está aprendiendo, como hizo en Aerolíneas (lo admitió en su exposición).
¿Y Enarsa? La empresa estatal, creada durante la presidencia de Néstor Kirchner, es a quien corresponde controlar el abastecimiento y la producción de hidrocarburos. En su momento críticos de la medida vaticinaron lo que ocurriría y no se equivocaron: varios años (de vacas gordas) después Enarsa no tiene una sola área de producción propia. ¿Por qué? Porque prefirió dedicarse a un negocio más redituable: comprar hidrocarburos en el exterior y venderlos en el mercado interno.
El funcionario habló todo el tiempo con un laptop abierto sobre la mesa, prometió números y gráficos que al final no mostró. Kicillof admitió que ahora tendrán que entrar en la empresa para ver cómo está. O sea, hizo afirmaciones sobre la empresa y sus directivos, todas muy contundentes, de las cuales no tendría las evidencias necesarias. La conclusión más probable es que su exposición se destinaba a justificar la expropiación via bajada de línea y no a mostrar números o gráficos – que dejarían muy mal parados a los órganos de control del propio gobierno.
Para cualquier argentino es una cuestión de honor estar a favor del control nacional de un recurso tan estratégico, lo cual ni remotamente debe confundirse con dejárselo a funcionários incompetentes, oportunistas y/o mafiosos.
Con tantos y tan lucrativos casos de corrupción al más alto nivel que ni siquiera se investigan, ¿estará ahora nuestro petróleo en buenas manos?
Es lo que veremos, para bien o para mal.

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