“Un
puente demasiado lejos” (“A bridge too far”) fue una superproducción
multiestelar de 1977 que por aquellos años debo
haber visto en alguno de los cines de la Av. Corrientes. La película cuenta
el fallido intento, en los estertores de la Segunda Guerra Mundial, de las
fuerzas aliadas para conquistar y volar tres puentes sobre el río Reno detrás
de las líneas alemanas.
Así
se presenta hoy en Argentina octubre de 2015: demasiado lejos. Al paso que vamos,
el país no se aguanta hasta el año próximo sin una grave debacle económica y
social. Después de 11 años en el poder que se completan en mayo, el
kirchnerismo no puede echarle la culpa de su inoperancia a nadie. Si aplicaran para
gobernar la misma eficiencia que exhiben para multiplicar sus patrimonios personales
Argentina sería el país más rico del mundo.
Todo
les sale mal y la culpa es siempre de losostros.
La inflación, de los empresarios gananciosos. Los cortes de energía, de alguien que
“bajó la palanca” o de gente que prende el aire acondicionado. La inseguridad,
de los gobernadores. Uno escucha a funcionarios, los que están o los que se
fueron, y las excusas son siempre las mismas: la culpa es de los enemigos del
país.
Se construye un relato y se niega la realidad hasta que ésta nos
golpea con tanta fuerza que ya no es posible ignorarla. El mismo cuento de
siempre del peronismo: en los ’40, ’50, ’70 y hasta en los ’90. Uno se pregunta
por qué caracho esas fuerzas malignas sólo se ensañarían con la Argentina y sólo con gobiernos peronistas.
La crisis actual no es fantasía de derrotistas sino muy real. Ya está entre nosotros. En la cuestión social, los saqueos se repiten y se ponen cada vez más violentos. Hay inseguridad
creciente y tráfico de drogas. Aumentan las villas, el desempleo, el subempleo,
la informalidad y la pobreza.
En lo económico, Argentina es un país
desorganizado, con alta inflación, inseguridad jurídica y enormes restricciones
para producir, importar y exportar. En esta larga década kirchnerista la carga impositiva saltó de
alrededor del 25% del PBI a insoportables 36%.
Así, Argentina pierde competitividad e
importancia en el mundo. En lo político, Argentina dejó de ser un país federal para
convertirse en un sistema de feudos provinciales y municipales en el que gobernadores e intendentes se eternizan en sus cargos.
En el sensible campo diplomático, Argentina tiene hoy relaciones conflictivas con todos sus principales socios comerciales: EE.UU., Gran Bretaña, Europa, Brasil, China y hasta Uruguay.
Para
los que tenemos memoria, el gobierno de Cristina Kirchner se parece cada vez
más al de Isabelita. Como que empeñados en repetir el pasado, vemos el mismo triste espectáculo: arrogancia, enriquecimiento ilícito, desidia e ineptitud.
Las mismas
fórmulas gastadas y fracasadas: cepo cambial, congelamiento de precios,
restricciones al comercio externo, penalidades al campo. La misma corrupción
desfachatada a que gobiernos de tinte peronista nos tienen acostumbrados.
Con
su larga sucesión de desatinos económicos la pareja Kirchner supera con creces al
binomio Perón-Perón (cuyo gobierno, felizmente, duró muy poco) e inclusive al menemato,
que supo esconder su descalabro bajo el manto de la estabilidad monetaria.
Nadie duda que, luego de la destrucción kirchnerista, será muy difícil para el gobierno que lo suceda, si honesto y competente, poner al país de pie. Una vez más, como ya pasó tantas veces, habrá que levantar las manos al cielo y recurrir al vilipendiado campo y sus exportaciones agrícolas para salvar a la patria.
Nadie duda que, luego de la destrucción kirchnerista, será muy difícil para el gobierno que lo suceda, si honesto y competente, poner al país de pie. Una vez más, como ya pasó tantas veces, habrá que levantar las manos al cielo y recurrir al vilipendiado campo y sus exportaciones agrícolas para salvar a la patria.
Pero
ya no será igual que antes. La tarea será mucho más ardua. Para empezar, habrá que
salir de la armadilla social de un país donde, sobre 40 millones de habitantes,
se pagan 18 millones de subsidios (48%). Habrá que reindustrializar el país y
transformarlo de una vez en potencia exportadora. Y habrá que empezar a
reconstruir las relaciones internacionales del país destrozadas por tantos años
de estupidez y arrogancia.
Para
salir de la actual decadencia económica, social y política el electorado argentino tiene que abrir los ojos y dejar de votar a los mismos corruptos e incompetentes que
con sus cantos de sirena lo han engañado ya tantas veces.

Comentários
Postar um comentário