Escribí el borrador de este post cuando aún no había sucedido el trágico naufragio del submarino ARA San Juan. Después de esa tragedia que cobró la vida de 44 marinos argentinos, lo que digo aquí cobra aún más relevancia.
Cuando se analiza la historia argentina de los últimos 80 años más o menos y las causas de que Argentina haya caído de estar entre los 10 países con más alto PBI per cápita del mundo hacia 1940, a la triste posición de nación degradada, empobrecida y decadente que padece hoy es imposible no apuntar a la lamentable y decisiva actuación de un poder que constantemente ha influenciado la vida del país: el poder militar.
Como la mayoría de los países Argentina sufrió las consecuencias de la grave crisis mundial provocada por la quiebra de la de Bolsa de Nueva York en 1929. A partir de allí, no pudo, no quiso o no supo recomponerse y fue degradándose hasta llegar a lo que es hoy. Hay una cierta unanimidad en que a partir del golpe militar de 1930 contra el gobierno constitucional del caudillo radical Hipólito Yrigoyen Argentina entra en un proceso de decadencia que continúa hasta los días actuales.
El golpe militar de Junio de 1943 contra Ramón Castillo, vicepresidente que concluiría el mandato del enfermo y posteriormente fallecido presidente Roberto Ortiz, aceleró ese proceso y significó la llegada definitiva a la escena política de los militares como factor de poder. A partir de allí los golpes militares se suceden con frecuencia.
Durante generaciones los argentinos se empeñaron en ver en sus FFAA una especie de reserva moral del país en oposición al desorden de la política partidaria. Mi padre, que había hecho la colimba en 1944 y de chico siempre me llevaba a los desfiles, exhibía orgulloso las fotos en que más que un conscripto lucía como un general gracias a que se acomodó en la sastrería militar donde, además, supo aprender el oficio.
No obstante, a partir de un dado momento que no llego a identificar con claridad, los militares argentinos se volvieron ejemplos de tozudez, miopía y estupidez. Puede haber sido en 1962 con el alzamiento contra Arturo Frondizi o en 1966 en el nuevo golpe militar contra el gobierno del radical y honesto Arturo Illia, ambos presidentes constitucionales elegidos democráticamente. O puede haber sido en 1976, cuando además de la brutal represión permitieron que se implementara una política económica muy nociva para el país.
Es difícil entender por qué nuestros militares dieron tantos golpes de estado: 1930, 1943, 1955, 1962, 1966, 1976 y 1981. Tampoco por qué hicieron cosas absurdas como el atroz bombardeo en pleno día de la Plaza de Mayo, llena de civiles indefensos, en junio de 1955, tres meses antes de la derrocada de Juan D. Perón en setiembre del mismo año.
Particularmente, en 1955 y 1976 los militares argentinos desperdiciaron dos grandes oportunidades históricas de dejar al nefasto peronismo - el fascismo a la argentina - definitivamente en el pasado.
Sin contar los golpes de mano que jefes militares dieron contra sus propios colegas de armas, como en 1955, cuando el Gral. Pedro E. Aramburu desplazó de la presidencia al Gral. Eduardo E. Lonardi que había declarado a la Revolución Libertadora, como se la llamó, "sin vencedores ni vencidos".
O en 1970 y 1971, cuando el Gral. Alejandro A. Lanusse destituyó primero al Tte. Gral. Juan C. Onganía y al año siguiente al Gral. Roberto M. Levingston que él mismo había indicado.
El 24 de Marzo de 1976, a los 18 años, fui uno de los millones de argentinos que suspiraron aliviados cuando una nueva Junta Militar, liderada por el Tte. Gral. Jorge R. Videla, derrocó al corrupto, inepto y patético gobierno de Maria E. Martínez, viuda de Perón. El motivo principal de este nuevo golpe militar a un gobierno constitucional verdaderamente desastroso fue la hiperinflación y la cruenta guerra interna contra la subversión armada.
Aunque Argentina había vuelto a la "democracia" en mayo de 1973, el regreso definitivo de Juan D. Perón en junio de ese mismo año no pacificó al país. Grupos guerrilleros que se autodenominaban peronistas (FAR, FAP, Montoneros) y guevaristas (ERP) habían intensificado sus ataques a alvos militares y policiales cobrándose también muchas víctimas civiles.
La ola de violencia empeoró aun más a partir de 1974 con el accionar de la tristemente célebre Triple A, grupo paramilitar financiado y fuertemente armado desde el Ministerio de Bienestar Social por su titular, José López Rega, apodado "El Brujo", ex policía y ex secretario privado de Perón. El conteo de cadáveres se volvió algo cotidiano.
La Junta Militar de 1976 (Videla, Massera, Agosti) denominó a su movimiento Proceso de Reorganización Nacional. En el campo económico el Processo - que de liberal no tuvo absolutamente nada - fue un completo fracaso. No hubo reorganización sino degradación económica y social. No hubo privatizaciones sino jefes militares que aprovecharon para encaramarse como directores de las muchas empresas estatales del país.
Las medidas del ministro de Economía José A. Martínez de Hoz, después de una breve y engañosa bonanza económica, provocaron feroz especulación financiera, desinversión, desindustrialización, corrupción, recesión, desempleo, devaluación y más inflación.
Las medidas del ministro de Economía José A. Martínez de Hoz, después de una breve y engañosa bonanza económica, provocaron feroz especulación financiera, desinversión, desindustrialización, corrupción, recesión, desempleo, devaluación y más inflación.
En el campo político, en lugar de capturar a los guerrilleros asesinos y someterlos a la Justicia como sería lo correcto, insólitamente las FFAA argentinas se dividieron el país en zonas exclusivas en que una fuerza podía accionar sin interferencia de las otras. El resultado es archiconocido: cárceles clandestinas, torturas, vejaciones, ejecuciones, vuelos de la muerte, miles de desaparecidos - que nunca fueron 30.000.
En 1982, dada la explosiva situación interna, la estupidez de nuestros militares llegó al paroxismo: el entonces nuevo hombre fuerte, Tte. Gral. Leopoldo F. Galtieri - que el año anterior le había dado um golpe de mano al entonces presidente Gral. Roberto E. Viola - y sus generales no tuvieron mejor idea que, con la excusa de recuperar las Malvinas luego de 149 años de ocupación británica, meterse en una guerra contra el Reino Unido entonces gobernado por la Primera Ministra Margareth Thatcher.
Gracias al rápido triunfo britânico en el Atlántico Sur - la guerra de Malvinas/Falklands duró tan sólo dos meses y medio - la Primera Ministra consolidó su fama de Dama de Hierro.
Gracias al rápido triunfo britânico en el Atlántico Sur - la guerra de Malvinas/Falklands duró tan sólo dos meses y medio - la Primera Ministra consolidó su fama de Dama de Hierro.
Así, en forma inconsecuente, los militares argentinos decidieron embretarse en una guerra suicida contra una de las principales potencias de la OTAN sin haber planificado nada antes, como admitió el breve exgobernador militar de Malvinas, Gral. Mario B. Menéndez.
No hubo un sólo general que tuviera la capacidad - o cojones - de oponerse al presidente Leopoldo Galtieri y decirle que, dada la diferencia de recursos materiales y humanos y la falta de planificación adecuada, se trataba de una empresa destinada al fracaso, como de hecho lo fue, pese al valor y heroísmo de nuestros hombres.
Apesar de las pérdidas humanas y materiales, podemos decir que Argentina tuvo suerte: los Britons fueron a la guerra como verdaderos gentlemen y se limitaron a recuperar las Falklands sin bombardear ciudades argentinas en el territorio continental, lo que sin duda habría acelerado nuestra capitulación.
Además, la rápida derrota (70 días) en la Guerra de Malvinas aceleró el fin de la dictadura militar, que por entonces ya duraba 6 largos años, y la vuelta al sistema democrático.
"Thanks to the British we got rid of the military".
Es posible que los militares argentinos de los últimos 50 años sean los más corruptos e incapaces del hemisferio occidental. El estado actual de nuestras FFAA lo demuestra: no cuentan con armas, equipos ni prestigio ante la sociedad civil.
Si un país extranjero hoy quisiera invadirnos lo podría hacer caminando. Durante los 12 años (2003-2015) de gobierno kirchnerista narco-corrupto-mafioso nuestros militares fueron expuestos al ridículo en varias ocasiones. Han sido tan ineptos a lo largo de décadas que ya nadie los respeta.
Lamentablemente no parece haber hoy ningún comandante militar capaz de devolverle a nuestras FFAA el lugar digno en la historia que alguna vez supieron tener, algo muy necesario en este inconcluso proyecto de país que es Argentina, especialmente en estos tiempos en que la patria está en peligro de extinción.
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