En
las últimas semanas el gobierno Macri le comunicó al país que acudiría al FMI para
conseguir un préstamo puente que le permita superar la sequía de fondos con que los
mercados de capitales empezaron a castigar a la Argentina.
Es una
crisis anunciada. Ya antes del triunfo de Donald Trump en las elecciones de
2016 en EE.UU. se sabía que tarde o temprano las tasas de interés aumentarían, el dólar se apreciaría y los mercados emergentes enfrentarían
fuga de capitales y devaluaciones. Nada justifica que el gobierno Macri se haya
dejado sorprender.
Lo dije desde el comienzo:
Macri tendría que haber ajustado la economía a partir del 10/12/2015 cuando su
capital político estaba intacto. Era el momento de tomar las medidas necesarias
con autoridad.
El eterno problema de Argentina es un Estado enorme e impagable
que devora impuestos para financiar un déficit fiscal creciente. Entre las medidas
necesarias que Macri tendría que haber adoptado desde el primer día estaban achicar el Estado y reducir el déficit público para poder bajar
impuestos – promesa de campaña de Cambiemos.
Esta es la única forma de que Argentina
se vuelva competitiva, reduzca sus déficits gemelos - público y comercial –
exporte y genere dólares genuinos con los cuales hacerle frente a sus
compromisos. Si lo hubiera hecho, como muchos advertimos desde el comienzo, no habría sido necesario tomar U$S miles de millones
en préstamos del exterior.
Macri eligió seguir más o
menos como antes y cambiar sólo a medias: eliminar el cepo, unificar el mercado
de cambio, volver a los mercados voluntarios de deuda, retirar parcialmente las retenciones.
Macri se conformó con una media suela que no apuntó a solucionar los problemas estructurales. No hubo un plan bien delineado para enfrentar el enorme atraso de las tarifas de energía, reducir los subsidios, achicar el
Estado, reducir la planta de empleados públicos y eliminar los millones de
planes creados por el populismo irresponsable de peronistas y kirchneristas.
Cuando asumió la Presidencia, Macri reconoció que al Estado le sobraban 1,4 millón de funcionarios. Haciendo un cálculo rápido, si cada uno de esos cobrara un sueldo de meros U$S 1.000 mensuales, la economía sería de escalofriantes U$S 1,4 mil millones mensuales ó U$S 16,8 mil millones anuales. O sea que, con las reformas propuestas, prácticamente no habría sido necesario pedir plata prestada.
La frase acuñada por José
Luis Espert, kirchnerismo de buenos modales, es inmejorable. Con su visión
equivocada de la realidad el gobierno Macri terminó por generar más déficit público e
inflación. Boludeaste dos años, le dijo su amigo Carlos Melconian. Mientras, el
petróleo y el dólar se apreciaban en el mundo. Así, Macri logró decepcionar a buena
parte de su electorado.
En Octubre/2017, después de
ganar las elecciones de medio término, Macri perdió otra oportunidad de oro: en lugar de aprovechar
el nuevo voto de confianza para rectificar su gobierno y tomar las medidas que no había tomado
antes, Macri insistió en el error y continuó con su populismo light.
La culpa recayó sobre el BCRA y sus tipos de interés estratosféricos que se justificaban pela enorme emisión por los miles de millones que entraban al país como préstamos. A esta altura ya el petróleo y el dólar torpedeaban sin piedad la
averiada nave argentina.
Argentina paga el precio de ignorar una y otra vez las reglas económicas. No se puede bajar la inflación emitiendo miles de millones de
pesos para compensar los dólares que entran en concepto de deuda. Peor aun si
el BCRA aumenta las tasas de interés hasta las nubes para absorber esos mismos pesos.
Este mecanismo perverso genera inflación e inhibe el crecimiento. Se pierden las referencias de precios y las empresas no pueden hacer cuentas. Cuando los precios aumentan rápidamente las empresas no saben a cuánto comprar ni a cuánto vender. La incerteza genera retracción y caída de la actividad. Es decir, recesión y desempleo.
Este mecanismo perverso genera inflación e inhibe el crecimiento. Se pierden las referencias de precios y las empresas no pueden hacer cuentas. Cuando los precios aumentan rápidamente las empresas no saben a cuánto comprar ni a cuánto vender. La incerteza genera retracción y caída de la actividad. Es decir, recesión y desempleo.
En Economía al cóctel nocivo que combina inflación con estancamiento y recesión se lo denomina estanflación - el peor de los mundos.
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