En la mañana de este 9 de Julio, Día de la Independencia de Argentina, los medios traen la noticia de la muerte del ex presidente Fernando De la Rúa. "Chupete", como era su apodo desde que, muy joven, integró el gobierno de Arturo Illia (1963-1966), tuvo también un breve paso por la presidencia: fue electo con gran caudal de votos en diciembre de 1999 para tristemente renunciar en diciembre de 2001.
Es ya famosa la imagen del renunciante De la Rúa yéndose de la Casa Rosada en helicóptero. Por eso es una buena oportunidad para recordar cómo estaba la Argentina al llegar De la Rúa a la presidencia y por qué su gobierno fracasó. Recomiendo la lectura del excelente resumen publicado hoy por La Nación en el link a seguir:
Al asumir De la Rúa como presidente en diciembre de 1999 Argentina ya estaba en recesión técnica hacía 1 1/2 año, desde mediados de 1998. Desde abril de 1991, la paridad 1 a 1 entre el peso y el dólar, resultado del Plan de Convertibilidad, había realizado la hazaña de derrotar a la inflación. La Convertibilidad ya había resistido con éxito al llamado "Efecto Tequila", la crisis del peso mexicano de 1994 de la que México salió gracias a una oportuna y multimillonaria operación rescate del Tesoro Americano durante el gobierno de Bill Clinton.
Sin embargo, el gobierno Menem (1989-1999) se acomodó en el 1 a 1 y llegó al absurdo de fijar la tasa de cambio por ley. La clase política argentina desaprovechó los años de estabilidad monetaria y cambial y no hizo las muy necesarias reformas impositiva, fiscal, política, laboral que Argentina ya entonces necesitaba para continuar teniendo su moneda equiparada al dólar de EE.UU. A mediados de 1996, el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo, "padre" de la Convertibilidad, deja el gobierno Menem denunciando corrupción.
Sucesivos cimbronazos en las finanzas mundiales, como la Crisis Asiática (1997), el Default Ruso (1998) y la Devaluación Brasileña (Efecto Samba, enero 1999) cambiaron drásticamente la situación internacional y el costo del dinero. En el plazo de una década, la ola de euforia pro capitalismo occidental desatada por la caída del Muro de Berlín se desvanecía. Mientras todos los países del mundo devaluaban sus monedas ante el fuerte avance del dólar americano, la Argentina seguía atada a la paridad 1 a 1 que sólo sostenía gracias a un creciente endeudamiento externo.
Tal era la situação doméstica e internacional que Fernando De la Rúa encontró al hacerse cargo de la presidencia. Una vez más, el destino le juega a la Argentina una mala pasada. El candidato que había hecho una brillante campaña, dirigida principalmente a la clase media, y ganado la elección casi sin esfuerzo, una vez llegado al poder se mostró un gobernante poco hábil para comandar un país complexo y conflictivo como la Argentina.
En la campaña electoral De la Rúa había prometido mantener el emblemático 1 a 1 pero a esa altura la paridad cambial ya le causaba al país serios problemas: endeudamiento, recesión, pérdida de mercados externos y desocupación. De la Rúa y su equipo no entendieron que era necesario sacrificar el 1 a 1 para salvar a la Convertibilidad - aún hoy mucha gente no entiende la diferencia y cree que ambos son lo mismo.
En la campaña electoral De la Rúa había prometido mantener el emblemático 1 a 1 pero a esa altura la paridad cambial ya le causaba al país serios problemas: endeudamiento, recesión, pérdida de mercados externos y desocupación. De la Rúa y su equipo no entendieron que era necesario sacrificar el 1 a 1 para salvar a la Convertibilidad - aún hoy mucha gente no entiende la diferencia y cree que ambos son lo mismo.
En lugar de descomprimir la tensa situación económica permitiendo una flotación ordenada, hacia arriba, del peso, el ministro de Economía José Luis Machinea tomó el camino más equivocado posible: un impuestazo que endureció aun más la ya difícil situación económica.
El desenlace es de manual: la recesión, que ya era preocupante, se profundizó, el desempleo aumentó y las exportaciones, ya penalizadas por la paridad cambial, se hicieron virtualmente imposibles. Cuando la política económica de Machinea se hizo insoportable el presidente De la Rúa no tuvo más remedio que sustituirlo por el entonces ministro de Defensa Ricardo López Murphy. La oposición a las propuestas del ministro y sus pequeñas reformas de corte liberal fue tan feroz que sólo duró dos semanas en el cargo.
El desenlace es de manual: la recesión, que ya era preocupante, se profundizó, el desempleo aumentó y las exportaciones, ya penalizadas por la paridad cambial, se hicieron virtualmente imposibles. Cuando la política económica de Machinea se hizo insoportable el presidente De la Rúa no tuvo más remedio que sustituirlo por el entonces ministro de Defensa Ricardo López Murphy. La oposición a las propuestas del ministro y sus pequeñas reformas de corte liberal fue tan feroz que sólo duró dos semanas en el cargo.
La elección recayó entonces, nuevamente, en Domingo Cavallo. En el inconsciente colectivo, el padre de la Convertibilidad sería el único capaz de sacar al país del atolladero en que se encontraba.
Con alto déficit público y mercados de capitales que se cerraban para la Argentina, el 1 a 1 era cada vez más difícil de sostener. Cavallo tenía muy poco margen de maniobra. La propuesta del ministro consistía en una compleja ingeniería que incluía la devaluación lenta y controlada del peso contra una cesta de monedas denominada "factor de empalme" y la bancarización forzada para evitar la corrida bancaria y cambial, que se llamó popularmente "corralito" y um préstamo puente del FMI, llamado "blindaje" que, a esta altura, marzo de 2001, el país necesitaba imperiosamente para no caer en default.
Las negociaciones con el FMI empezaron bien pero a cierta altura la institución, entonces comandada por Anne Krueger, se endureció y terminó por negar el préstamo de aprox. U$S 40 MM. Se puede decir que con eso decretó el fin del gobierno De la Rúa. La situación económica se deterioraba rápidamente y el peronismo dentro del FREPASO hacía fuerte oposición política con el objetivo de volver al poder. De la Rúa, que ya había sufrido la renuncia de su vicepresidente Chacho Álvarez, no tuvo más cómo sostenerse y en diciembre del 2001 finalmente renuncia.
Una vez más el destino había hecho llegar a la presidencia un candidato exitoso en campaña pero con pocas habilidades para gobernar. Como había sucedido en 1989 con el también radical Raúl Alfonsín, que tuvo que hacer un acuerdo con su sucesor para entregar la presidencia 6 meses antes del término del mandato, una década después su correligionario De la Rúa entregaba la tan ansiada presidencia con mucha pena y sin nada de gloria.
Como era lógico la renuncia del presidente De la Rúa provocó la inmediata renuncia de su ministro Domingo Cavallo y lanzó a la Argentina al caos social y económico.
El resto es materia para otra entrega. Como suelo decir, el tango nos define.
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