Tres semanas después de llegar al gobierno con pompa de superministro Sergio Massa no ha podido aun nombrar a su vice, alguien que entienda de veras de Economía – Massa se recibió tardíamente de abogado – y le maneje el ministerio mientras él se dedica a promover negocios para sus empresarios amigos y hacer campaña anticipada para 2023.
Todos los que fueron convidados le dijeron que no y era previsible: la situación económica y social argentina está tan deteriorada que cualquier economista de carrera sabe que no podrá implementar políticas mínimamente coherentes sino sólo las que CFK le permita.
Así, a menos que ocurra un improbable milagro, la estrella de Sergio Massa se apagará mucho antes de lo que se imagina. No existe magia que le permita ganar tiempo. En realidad, lo que Massa hizo hasta ahora fue perder tiempo y generar expectativas con anuncios de lo que anunciaría. Esta etapa se terminó con el anuncio del tarifazo – como él mismo lo llamaba en tiempos de Macri – que entra en vigor el 31/08 y que su mujer, la también mediática Malena Galmarini, creativamente llama “redistribución de subsidios”.
Los 10 días de tregua que observadores le otorgaron a Massa ya se fueron. Las mal llamadas organizaciones sociales – grupos piqueteros comandados por los gerentes del pobrismo, como Emilio Pérsico, Chino Navarro, Juan Grabois, Eduardo Belliboni – hicieron de los acampes y cortes de avenidas algo cotidiano.
Demasiada gente viviendo de subsidios, que el gobierno del pusilánime Alberto Fernández se ve obligado a aumentar continuamente para comprar una hipotética paz social que no existe: diariamente piqueteros le hacen la vida imposible a la gente que necesita ir y venir de sus trabajos y quehaceres.
La novedad por estos días es el apelo de las centrales sindicales – CGT y CTA – de que la oposición debe ayudar con propuestas que le permitan al gobierno de Alberto Fernández salir de la actual dramática situación que no deja de empeorar.
Nada de eso: en 2019 la gente le dio su voto al FdT para que gobierne y a JxC, los liberales y la izquierda, para que sean oposición. No existe un bloque de oposición unificado sino un amplio abanico que va desde la derecha liberal privatista a la izquierda intervencionista y estatista.
En segundo lugar, si la oposición fuera a arrimarle al inepto y corrupto gobierno kirchnerista una lista de medidas tendientes a ir suavizando la crisis, uno sabe que aquellas serían vetadas por Cristina Kirchner a quien todos consideran la detentora del poder real – aun habiendo un presidente formal electo democráticamente que a esta altura no corta ni pincha.
Como ya dije, Alberto Fernández tuvo varias oportunidades de deshacerse del yugo cristinista y tomar las riendas de su gobierno. Si no lo hizo fue porque no supo, no quiso o no pudo. En cada una de esas ocasiones incautos alimentaron esperanzas de un albertismo que nunca terminó de nacer.
Si el presidente no entiende que el poder de tomar decisiones se lo da la Constitución Nacional, no su vice-presidente, a quien le fue reservada la función de presidir el Senado, la oposición nada puede hacer.
Aun con la llegada de Sergio Massa al ministerio el discurso oficialista insiste con la mentira de una economía pujante y en crecimiento. Nadie, empresarios, sindicalistas, ni los grupos piqueteros lo confirman.
Para dar una idea de la gravedad de la situación, las reservas de libre disponibilidad del BCRA hoy son negativas en US$ 6 mil millones. Ante esto, el superministro tiene marcado un viaje al exterior para intentar conseguir un préstamo de… US$ 5 mil millones.
Con la inflación admitida ya en el 90% anual e índices de pobreza que superan el 50% de la población cualquier medida populista tiende a agravar aún más la situación. La única salida es un plan de estabilización ortodoxo antiinflacionario que libere o desdoble el tipo de cambio, elimine todas las restricciones cambiarias y comerciales a la importación y la exportación y empiece a normalizar gradualmente la economía.
La economía argentina se ha deteriorado tanto por culpa de la desastrosa e corrupta gestión kirchnerista que no habrá soluciones fáciles ni rápidas. Cuanto más tiempo Argentina tarde en invertir en 180° el rumbo, más difícil será escapar del destino de pobreza e indigencia a que las actuales políticas apuntan.

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