Escribo esto horas antes del partido con Croacia. Hace mucho digo que el tango nos define: nada nos sucede sin algo de drama y la Selección no es la excepción. Con gran acierto, el pintor que terminó su trabajo acá en casa me decía que con Argentina siempre hay sufrimiento.
Con Australia, nuestra Selección ganaba cómodamente 2x0, bajó su rendimiento en el 2do tiempo, permitió el 2x1 y al final Dibu Martínez evitó heroicamente lo que sería el empate australiano.
El bajón se repitió en forma aún más dramática con Holanda: ganaba 2x0, en la 2da mitad Argentina volvió a bajar sus RPMs, permitió el empate naranja y sólo pasó milagrosamente en la disputa de penales en que Dibu Martínez se lució una vez más.
Personalmente no me gusta el fulbito, expresión de los ’70, que Argentina hace apenas se pone en ventaja. Fulbito es esa secuencia interminable de pasecitos al costado y hacia atrás para cuidar el resultado. Lo ideal es hacer más goles para asegurarse un triunfo holgado y dejar definitivamente para atrás a los adversarios.
A la Selección Argentina el fulbito le salió bien contra Polonia, pero casi lo paga caro contra Australia. Y la cosa se puso realmente dramática contra Holanda, un equipo mucho mejor entrenado y que juega un fútbol más contundente y eficiente que los otros dos.
Es en el despliegue táctico del equipo donde se ve la mano del DT. No entiendo para qué Lionel Scaloni pone al diestro Papu Gómez por la izquierda si éste no tiene habilidad para desbordar por ese carril, corta siempre hacia adentro y termina pasándola hacia atrás. ¿Por qué no dejarle esa función al eficiente Acuña? Lo mismo vale para Molina por la derecha: ni un solo desborde contra Polonia, un equipo que sólo tiene Lewandowski + 10.
Observando a otros equipos exitosos – Francia, Marruecos, Croacia – uno ve que los fouls (faltas) para parar el contraataque adversario tienden a hacerse lejos de su propia área. Argentina no: contra Holanda, nuestra Selección perdió la pelota y tuvo que recurrir a faltas peligrosas a metros de nuestra propia área. Así salieron los dos goles holandeses.
Como vimos en Rusia 2018, en la Selección los jugadores argentinos tienden a ser indisciplinados, hacen poco caso de las instrucciones y confían demasiado en su propio talento y capacidad de improvisación. Si nos sale bien, somos geniales, pero si nos sale mal…
Curiosamente, nuestros muchachos se comportan distinto en sus equipos europeos donde son comandados por DTs de gran prestigio, cobran sueldos astronómicos y por eso mismo no les tienen tanta paciencia. Uno no sabe si la culpa de tal defecto defensivo básico es del DT, que no pasa las instrucciones, o de los propios jugadores que no las acatan.
Dentro de algunas horas vamos contra Croacia (Modriç + 10). En teoría, debería ser un partido más fácil que con Holanda, pero con nuestra Selección nunca se sabe. Si llegamos a la final, probablemente con Francia, no será sin sufrimiento.
Espero que me equivoque y hoy podamos vengarnos de la derrota de 2018 y ver el show de fútbol argentino que todos esperamos.

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