Confieso que inicialmente no le di mucho crédito. No había visto las imágenes que circulan en las redes y especulé que podía ser un caso de extorsión con el fin de obtener ventaja financiera. “It’s all about money, baby!” puse en mi X (Twitter).
Si la alegada violencia doméstica fue tan grave y duró tanto tiempo, ¿por qué la entonces primera dama esperaría tantos meses para denunciarla a la Justicia? Pesaba además la sospecha, que en algún momento circuló, de que Francisco no sería hijo de su esposo sino de algún amante secreto que la visitaba en la residencia oficial.
Pero a medida que pasaban los días el caso se volvió tema obligatorio y pasó a ocupar todo el horario de programas políticos al punto de dejar al triste caso Loan en el olvido – hasta hoy no se sabe que pasó con el pobre chico y ya casi no se habla más del tema. Como si fuera poco, el expresidente está cada vez más complicado por el caso Nación Seguros del que difícilmente escapará ileso.
Criticar a Alberto Fernández (AF) es tristemente fácil, empezando por el hecho de que en lugar de él elegir a su vicepresidente, fue ella quien lo nombró y por medio de un tuit rebajándolo desde el vamos. Justo a él que, una vez fuera del cargo de Jefe de Gabinete, se paseó por los medios criticando al gobierno de CFK.
No voy a explayarme sobre el tema violencia doméstica que está siendo procesado por la Justicia argentina. Pero lo que me llamó la atención es que, según reproduce La Nación, AF le habría dicho a su esposa Fabiola Yáñez, “por tu culpa perdí la Presidencia”. Esta frase por si sola muestra que, tal vez mucho antes de perder el cargo, lo que AF realmente perdió fue noción de la realidad.
AF no supo aprovechar la fabulosa oportunidad que tantos quisiéramos tener: llegar a la presidencia y hacer algo útil por el país. Al contrario, se limitó a ocupar el cargo, hablar sandeces y hacer el ridículo por donde pasó. No hay prácticamente nada que se pueda rescatar de su gobierno. Si hasta desperdició el insólito 80% de aprobación que llegó a tener en 2020 a comienzos de la pandemia de covid. No por acaso la gente lo bautizó “el peor presidente de la historia”.
A pesar de todo lo sucedido durante su mandato entre 2019 y 2023 AF parece no darse cuenta de que lo que le hizo perder la Presidencia fue ser un pusilánime, un inapto y dejarse usar como marioneta por Cristina Kirchner (CFK) y su cuadrilla de asaltantes del dinero público, muchos de los cuales tuvo como ministros en su gabinete. No por acaso la gente le puso el certero apodo de “Albertítere”.
AF tuvo varias oportunidades de corregir el rumbo y reencauzar el barco a la deriva que fue su gobierno. La mejor de todas cuando, después de conocida la fiestita de cumpleaños de Fabiola en Olivos mientras regían estrictas normas de uso de mascarilla y distanciamiento por el covid, los ministros de La Cámpora, puestos a dedo por CFK, lo amenazaron públicamente con renunciar a sus cargos.
Fue cuando la pusilanimidad de AF se manifestó en toda su plenitud: en lugar de aprovechar para aceptarles la renuncia y llenar los cargos con gente propia les permitió que siguieran en sus puestos y manejando las jugosas cajas.
No obstante las señales de ineptitud, muchos seguían alimentando la ilusión de que, en algún momento, surgiría el “albertismo” que se distanciaría de una vez del kirchnerismo. Nunca pasó del más elemental wishful thinking. Quien no tiene pasta de líder y no sabe dónde está parado no puede comandar un espacio político, mucho menos con su nombre.
Cuando en el 2021, gracias al desastroso gobierno que ya era evidente, el kirchnerismo perdió las elecciones legislativas a manos del ahora fallecido Juntos por el Cambio, sus propios aliados salieron a echarle la culpa y le dijeron de todo – “ocupa” fue el epíteto más suave que le dirigieron. A AF pareció no importarle y siguió firme en el curso de hacer el ridículo y hundir cada vez más a la Argentina.
No, Alberto, no fue Fabiola. Lo que te hizo perder la presidencia mucho antes del 2023 fue no tener el más mínimo respeto ni aptitud para el cargo.

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