Los argentinos no estamos habituados a lidiar con la verdad. En las últimas décadas hemos huido sistemáticamente de ella. No somos los mejores del mundo (salvo en el fútbol), la culpa de lo que nos pasa es nuestra y la Argentina no es un lugar diferente de otros países donde lo que funciona allí no funcionaría aquí.
Un economista argentino que recientemente pasé a seguir por las redes es Salvador Di Stefano, consultor de empresas, hombre ligado a la producción agrícola y que habla con simplicidad y contundencia impar.
Una de las frases típicas de Salva es: “La gente tiene que cambiar el chip”. ¿A qué se refiere? Al necesario cambio de mentalidad por el que tienen que pasar la gente en general y principalmente los agentes económicos que llevan al mercado productos y servicios, ya sean grandes, medianos o pequeños empresarios.
Tales son los cambios que se vienen produciendo en el mundo post pandemia y en Argentina introducidos de manera vertiginosa por el gobierno Milei. En la historia económica del mundo no se conoce un ajuste tan profundo ni tan rápido como el llevado a cabo hasta aquí por el presidente argentino – a pesar de todas las trabas que sus opositores en el Congreso le ponen – y que acaba de cumplir 9 meses en el gobierno.
Tales cambios profundos y vertiginosos forman parte de esa verdad que no tiene remedio. Para Argentina, volver atrás, al despilfarro de recursos y pérdida de oportunidades históricas, ya no es posible. Si lo vuelve a intentar, el dolor para toda la sociedad argentina será aún peor.
Salvador Di Stefano cuenta que, hasta Milei, la economía argentina era altamente especulativa – “pegada con moco”, suelo decir. A nadie le importaba atender bien a su cliente porque lo que no se vendía hoy se vendía más caro mañana. Una economía nocivamente indexada: los precios aumentaban hoy porque aumentaron ayer. Un ciclo sin fin.
Ahora, sigue Salva, hay que trabajar y producir más y mejor. Es fundamental entender una de las reglas más básicas de la economía: “el precio lo pone el mercado”. Algunos vivimos esta realidad desde siempre, pero a otros les cuesta entenderlo. La nueva realidad, tan común en los países normales que prosperan, es que si la iniciativa privada no hace su parte nada va a funcionar.
Salvador Di Stefano lo explica mejor que nadie aquí
Salva suele contar que cuando anda por los pueblos del interior dando sus charlas la gente le dice que está contenta porque la economía se estabiliza, baja la inflación, etc. y a seguir le preguntan: “¿Cuándo explota todo?”
A quien pregunta algo así no se lo puede culpar: es lo que sucedió tantas veces en Argentina, mayor defaulteador serial del mundo, que en los últimos 60 años destruyó 5 signos monetarios y le quitó 13 ceros a su moneda.
Hace meses que buena parte de la sociedad argentina, economistas inclusos, se comporta como espectadora de su propio drama y dice: “Bajó la inflación. A ver cuánto va a ser el mes que viene”, o “Bajó el dólar. A ver a cuánto se va mañana”. Salva les dice una dura verdad: si en los últimos 10 años, atesoraste dólares en lugar de ponerlos a trabajar perdiste 50% en poder de compra.
El gobierno del economista Javier Milei está concentrado en alinear las variables macroeconómicas: alcanzar el déficit cero, tener un presupuesto equilibrado, bajar la inflación, eliminar la volatilidad de la tasa de cambio. Sin esto no hay microeconomía que resista. A la microeconomía no la arregla el gobierno sino los empresarios y agentes económicos con su creatividad y esfuerzo diarios.
Los argentinos debemos entender de una vez por todas que la mayor parte – aproximadamente 2/3 – del “ajuste” lo deben hacer provincias y municipios. De nada sirve el gobierno Milei reducir la máquina del Estado nacional, eliminar el déficit y bajar impuestos si provincias y municipios aumentan impuestos y tasas para mantener sus altos niveles de gastos. El esfuerzo tiene que ser equitativo.
Ejemplo I: de las 24 provincias argentinas, 8 (Buenos Aires, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, San Juan, San Luis, Santa Cruz) ó 1/3 del total, tienen Senados provinciales. ¿Para qué? Es un gasto innecesario de millones que se podrían mejor destinar a la Educación, Salud, Seguridad. EE.UU. es un país rico que emite dólares y puede darse el lujo de tener Senados estaduales. Argentina no: tiene necesidades mucho más antiguas y urgentes. Los Senados provinciales se deben eliminar.
Ejemplo II: las provincias argentinas gravan las empresas instaladas en seus territorios con Ingresos Brutos, un impuesto absurdo que se paga sobre la facturación bruta y tiene el nefasto efecto de encarecer toda la operación de la empresa. Los mayores costos son trasladados al consumidor final.
Como resultado de las duras medidas tomadas por el gobierno Milei de: a) achicamiento del Estado, b) eliminación del déficit fiscal, c) obtención de superávit, d) reducción de la inflación y e) desregulación de la economía, Argentina va gradualmente saliendo del pozo de inflación y corrupción galopantes en que el kirchnerismo narco-corrupto-mafioso la hundió.
Pero atención: el esfuerzo hecho hasta ahora de nada va a servir si la iniciativa privada, los empresarios de todo el país, no dicen ¡Presente! y se ponen a producir, hacer negocios, exportar y generar empleos.
Para reforzar que hay que dejar atrás la cháchara y ponerse a trabajar para reconstruir el país arruinado por décadas de populismo corrupto e irresponsable.
Semanas atrás el periodista Carlos Pagni, en su excelente programa de los lunes Odisea Argentina por LN+, nos recordó una frase del gran filósofo español Ortega y Gasset:
“Argentinos, a las cosas”

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