Tema apasionante al que ya me referí varias veces: cuando el gobierno de Javier Milei empezó muchos creyeron que el “No hay plata” era mera retórica inicial y que todo continuaría más o menos igual.
Acabo de ver por YouTube la larga entrevista de 1+ hora que Milei le dio esta semana a Antonio Laje de LN+ aquí
Dudo que el periodista haya entendido las a veces complejas explicaciones macroeconómicas de Milei – es un hecho que por veces Laje se abstiene de preguntar – pero las palabras del presidente coinciden con lo que vengo diciendo: la microeconomía es tarea de la iniciativa privada.
Con sus preguntas redundantes periodistas esclavos del rating parecen querer pedirle al gobierno que haga lo que no puede ni quiere: volver a emitir a lo pavo, como hizo el gobierno empobrecedor de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, para “ponerle plata en el bolsillo a la gente”, plata que se devaluaba cada vez más rápidamente y que llevó a la espiral hiperinflacionaria que heredó Milei.
Cabe a la administración nacional generar las condiciones macroeconómicas para que la iniciativa privada pueda invertir, generar empleos y valor agregado y vender y exportar sus productos y servicios a los mercados interno y externo. Sin la decisiva participación de la iniciativa privada no hay crecimiento ni desarrollo.
En efecto son las inversiones privadas las que gradualmente propiciarán “la salida de la recesión” que tanto le preguntan al presidente Milei y al ministro Caputo.
Las buenas noticias de este segundo semestre de 2024 son:
- El crecimiento de la producción ya aparece fuerte en la mayoría de los sectores de la economía;
- La bolsa argentina sigue batiendo récords de valorización en USD;
- Los bonos argentinos en el exterior se valorizaron enormemente;
- El riesgo país que llegó a los 2.100 puntos, ya rompe el piso de los 1.100 puntos.
- La brecha entre el dólar oficial y el “blue” que era de 200% cayó al 20%;
- Muchos ya ven en el horizonte la deseada unificación del mercado cambiario.
Junto con “la salida de la recesión” otra pregunta que siempre hacen los periodistas es “¿Cuándo se levanta el cepo?”, o sea, el control de cambio que aún se mantiene. El presidente y su ministro suelen responder “Cuando estén dadas las condiciones”.
¿Y qué condiciones son esas? Que haya suficientes reservas en el BCRA capaces de evitar una eventual corrida cambiaria, algo que los argentinos, lamentablemente, conocen muy bien porque lo han padecido varias veces.
La economía argentina va emergiendo de la larga noche de desinversión y estancamiento que se agravó en las últimas 2 décadas con el gobierno narco-corrupto-mafioso kirchnerista.
Con este cuadro la salida de la recesión nunca podría ser fácil ni rápida. Estancamiento también significa que los niveles de productividad de la economía, como decía mi padre, “están por el suelo”.
Un dato a tener en cuenta es la ruinosa situación encontrada por Javier Milei al asumir el 10/12/2023:
- La industria argentina ya venía con capacidad ociosa del 50%;
- Brecha cambiaria (diferencia entre oficial y paralelo) arriba del 200%;
- Inflación anual (oficial) de 211%, 1.004% en cuatro años (2019-2023);
- Inflación diaria del 1,5% que proyectaba inflación anual de 17.000%;
- Déficit fiscal (gasto superior a la recaudación) de 15% del PBI;
- Reservas negativas en el BCRA por U$S 11,2 mil millones;
- Leliqs (letras del BC) por U$S 30 mil millones;
- Deuda por importaciones no pagadas por U$S 60 mil millones;
- Índice de pobreza que superaba el 50% de la población;
- Desempleo mascarado por decenas de millones de “planes sociales”;
Los impresionantes logros del gobierno Milei - nunca vistos en ningún otro país en condiciones iniciales tan adversas y en tan poco tiempo - podrían haber aparecido mucho antes si el Congreso, plagado de populistas gastadores inconsecuentes y empobrecedores no le hubieran atrasado por 7 (siete) largos meses la aprobación de las leyes de desregulación de la economía.
Algo inédito en la política argentina: todos los presidentes anteriores a Javier Milei vieron aprobadas sus propuestas iniciales, algunas como las de Alberto Fernández, francamente nefastas y retrógradas, en cuestión de días o inclusive horas.
No hay alternativa para la Argentina a no ser el camino de desregulación y modernización de la hasta ahora fuertemente regulada e ineficiente economía argentina.
Volver al pasado de atraso y decadencia económica y social no es una opción.

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