Con el voto contrario de nada menos que 5 países, Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría, y la abstención de Bélgica, acaba de anunciarse que la Unión Europea (UE) aprobó la firma del acuerdo comercial con el Mercosur. El apoyo de Italia, que había pedido más tiempo para evaluar el tema, resultó decisivo para inclinar la balanza de la votación a favor.
El Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) negociaba un posible acuerdo con la UE por 1/4 de siglo, desde 1999. Desde su fundación en 1985 por iniciativa de los presidentes Raúl Alfonsín (argentino) y José Sarney (brasileño), el Mercosur nunca fue capaz de crear un verdadero mercado común y aumentar de forma sostenida el comercio intrazona.
Como representante de industrias argentinas, participé como expositor en las ferias Argentina 1989 y Argentina 1990 en el predio ferial de Anhembi. Ante la pregunta de una repórter, respondí que el objetivo del Mercosur debería ser alcanzar el mismo nivel de integración que, ya en aquel entonces, era posible ver en la CEE (Comunidad Económica Europea), que luego en 1993 se transformó en UE. Lamentablemente no lo logramos.
Causas diversas. En parte por la crónica instabilidad política y económica de los dos principales socios que hizo que los flujos de comercio nunca pudieran afianzarse y crecer, sino que obedecieron más a la conveniencia cambial; en parte porque los gobiernos nunca tuvieron una visión unificada de futuro; en parte porque, a partir de la llegada al poder de gobiernos de pseudo-izquierda, como el PT en Brasil y el peron-kirchnerismo en Argentina, ambos en 2003, los objetivos fundamentales se dejaron de lado y el Mercosur y sus filhotes (Parlasur, Unasur) pasaron a ser usados como plataformas de autopromoción de sus gobernantes.
De hecho, cuando uno tenía un gobierno proteccionista, el otro tenía un gobierno adepto al libre comercio y viceversa; cuando uno había alcanzado la estabilidad monetaria, el otro aún estaba en (hiper)inflación. Nunca hubo una verdadera integración y los flujos de comercio aumentaban eventualmente para volver a caer en el ciclo siguiente. El Mercosur nunca fue capaz de incorporar en definitivo a Chile, país que desde los años ’90 había liberalizado su economía y alcanzado la estabilidad política, económica e institucional.
De los cuatro países, ninguno hizo tantas barbaridades con su economía como Argentina y los diferentes períodos de hiperinflación lo demuestran: en los últimos 60 años Argentina destruyó 5 (cinco) signos monetarios y le quitó 13 (trece) ceros a su moneda. Al actual peso ya sería posible, y hasta conveniente, cortarle otros 3 ceros para facilitar las cuentas.
Diferencias que se mantienen. Con el regreso del PT al poder, Brasil volvió a generar déficits fiscales, aumentar la carga tributaria y la deuda pública y tiene hoy una tasa de interés interna estratosférica. Mientras, la Argentina de Milei abraza el libre mercado, reduce impuestos y trabas a la actividad económica e intenta salir de la larga noche intervencionista de las últimas décadas.
Así llegan hoy los países del Mercosur al acuerdo con la UE: como hace 100 años, exportadores principalmente de materias primas, insumos y productos de bajo valor agregado: carnes, cereales, minerales.
En los últimos 40 años, desde la vuelta de la “democracia” en Argentina (1983) y Brasil (1985), el Mercosur no fue capaz de lograr una real integración entre sus cadenas productivas y ni siquiera pudo crear la infraestructura logística necesaria para tanto.
Defensa de nuestro mercado interno. Si los agricultores franceses en particular y europeos en general se oponen al acuerdo por temor a su falta de competitividad frente a productos oriundos del Mercosur, nosotros como sudamericanos debemos oponernos a la importación de productos europeos fuertemente subsidiados. Esto incluye vinos, peras, manzanas, quesos, prosciuto de Parma, jamón ibérico Pata Negra y muchos otros.
No al dumping europeo. Todos esos productos se producen en el Mercosur con excelente calidad y sin subsidios. Al contrario, nuestros productores vienen hace décadas penalizados con altos impuestos y altas tasas de interés.
Como exportadores de commodities no podemos y no podemos gastar los u$s que obtenemos en comprar ítems de alto valor agregado de otros países. Todos esos productos sólo deben entrar a nuestros mercados mediante el pago de un arancel extraordinario equivalente al nivel de subsidio de que gozan en sus países de origen.
Digamos "NO" al proteccionismo sabiendo que nadie nos va a defender si no lo hacemos nosotros mismos.

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