Como
para rememorar la misma fecha de hace 11 años, el 21/12/2012 comenzó en Bariloche
una onda de saqueos que se extendió por varias ciudades de Argentina, inclusive
barrios de clase media de Buenos Aires. Los saqueos duraron varios días y, como
no podía ser diferente en un país que hace mucho incorporó la violencia social
como estilo de vida, el saldo arrojó muertos y heridos.
Los
saqueos, reproducidos por las TVs de todo el mundo, son una perla más en el
largo rosario de vergüenzas de la Argentina actual, aquí incluidos el
no-partido con Brasil en Resistencia por falta de energía eléctrica, la absurda aula
magna de la presidente Cristina Kirchner en Harvard, la retención de la
fragata Libertad en Ghana y de la corbeta Espora en Sudáfrica, entre otros hechos
bochornosos a que el régimen kirchnerista nos tiene acostumbrados.
Pocos
robaron alimentos de los supermercados, lo cual, con mucha buena voluntad, podría
explicarse como ansiedad para satisfacer necesidades básicas en vísperas de las
fiestas navideñas, época en que algunos cometen excesos de consumo. Al
contrario, las imágenes de TV mostraron a un gran número de populares que, sin
cualquier pudor, se llevaban todo tipo de electrodomésticos, inclusive TVs de plasma o LCD, lo cual exigió a los saqueadores gran habilidad para acomodar
esos enormes aparatos en changuitos.
El robo
liso y llano no se puede justificar, ni siquiera cuando perpetrado por masas
populares, menos aún cuando el objeto de los saqueos son caros aparatos electrónicos. Es el resultado de años de populismo
y demagogia, de decirle a la gente que tiene derechos pero no obligaciones, de propiciar la división entre argentinos, el odio y la envidia a sus semejantes, de
dar un triste espectáculo diario de corrupción e impunidad, de inculcar que
el esfuerzo y la superación personal son prescindibles, de que el Estado o alguien les
tiene que dar lo que quieren o necesitan.
Es la
peor de las doctrinas porque destruye la mismísima noción de sociedad en la que cada
uno tiene un lugar y una función gracias a lo cual obtiene lo que le permite adquirir
los bienes que necesita. Es un hecho que los comercios saqueados han sufrido
grandes pérdidas, tanto en mercaderías como en instalaciones, que tendrán que
compensar con aumentos de precios. Otros comercios, precisamente los más chicos,
y por ende más cercanos a la gente, no podrán soportar las pérdidas y terminarán
cerrando sus puertas, generando más pobreza y desempleo.
No obstante, la reacción del gobierno argentino fue absurda. Primero, miembros del séquito presidencial salieron a poner las culpas en enemigos que hasta ayer eran amigos. Peor aún, después de varios días de silencio la mediática
presidente no tuvo mejor idea que echarle la culpa a los gobernadores y decir “no
me pidan más la Gendarmería”, como si:
- La Gendarmería fuera su propiedad particular y no una fuerza federal;
- Las provincias argentinas no formaran parte del territorio nacional bajo su responsabilidad;
- La Gendarmería no hubiera sido creada justamente para eso;
- La Presidencia no fuera un trabajo temporario sino usufructo personal.
Varios analistas opinan que la presidente padece de trastornos mentales como lipotimia o
bipolaridad. Es posible, aunque también se trata de un proyecto de poder que,
para consolidarse, necesita mantener a la población constantemente en vilo con
hechos de violencia y disturbios sociales. Así, el ciudadano, ocupado que está
en sobrevivir, no tiene tiempo de organizarse y luchar. De esta forma buscan perpetuarse
en el poder para seguir robando a cuatro manos como vienen haciendo.
A esta altura, el gobierno
kirchnerista es sin duda el más corrupto que haya tenido Argentina
en toda su historia. Es necesario apearlo del poder, destruir sus redes de
perpetuación del sistema y llevar a todos sus integrantes y secuaces a juicio sumario por
corrupción, asociación ilícita y traición a la patria.
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