Como
los argentinos somos todos muy vivos han proliferado en los últimos tiempos
columnistas que escriben con buen humor sobre la preocupante realidad del país.
Podemos mencionar, entre otras, las entregas de Carlos Reymundo Roberts,
Alejandro Borenzstein, Roberto Cachanosky, Fernando Romeyra, gente que
escribe con humor sobre temas que en general nos hacen llorar.
Como
dice el dicho, "la risa es remedio infalible" o, como cantaba Luis Aguilé, "es
preferible reír que llorar". Pero el exceso de buen humor trae escondido un
riesgo: que nos tomemos con soda una situación ya de por sí muy seria y que amenaza
ponerse aún peor.
Mencionando
sólo en passant los casos de
corrupción galopante – que ya colocan a la Argentina entre los países más
corruptos del mundo – de hecho el gobierno kirchnerista avanza sobre las
instituciones republicanas y democráticas y avasalla las libertades civiles: el
Congreso acaba de aprobar la “democratización” de la Justicia.
En
qué consiste: a partir de ahora los jueces serán indicados por “consejeros” que
serán votados en “listas sábanas” de partidos políticos. Queda claro que tales consejeros no indicarán jueces por su capacidad sino sólo aquellos simpáticos al partido e candidato que gane las elecciones. Estos jueces estarán inhibidos de investigar actos
ilícitos del partido. Claro que esto en Argentina no ocurre, ¿verdad?
En la
práctica, la reforma significa el fin de la independencia del Poder Judicial - el
Legislativo la perdió hace tiempo - y del sistema republicano. Argentina pasa a
ser un estado unitario, una dictadura constitucional, un régimen totalitario con comando central. El viejo sueño de "la patria socialista" hecho realidad.
Con gobernadores de provincias e intendentes municipales corruptos que se eternizan en sus cargos, acomodan a familiares
y amigos, y rinden pleitesía al gobierno central, el federalismo argentino era sólo una fachada.
Si algo había quedado, ahora
“ya fue”.

Comentários
Postar um comentário