Fue lo que Hitler y Mussolini hicieron en Alemania e Italia, y lo que Stalin y Mao llevaron a cabo respectivamente en la URSS y China. Bajo tales regímenes millones de personas fueron arrancadas de sus hogares y lugares de trabajo, enviadas a campos de concentración y gulags, sometidas a trabajos forzados, hambre, vejámenes y enfermedades para ser luego gaseadas, asesinadas, fusiladas e incineradas.
Es lamentable que todavía haya tanta gente, especialmente jóvenes, que insistan en el mismo error y se dejen engañar por el nombre nacional-socialismo del movimiento y partido de Hitler. No es porque llevaba el nombre socialista que el nazismo pasa a ser automáticamente de izquierda.
Tanto el Fascismo de Mussolini en Italia como el Nazismo de Hitler en Alemania surgieron como movimientos de respuesta al Marxismo / Comunismo que luego de la Revolución Rusa de 1917 conmocionó al mundo - y lo engañó durante años con que se trataba de un régimen donde el pueblo, los proletarios, trabajadores, etc. habían tomado el poder.
En la Alemania pós I Guerra Mundial los fundadores del Partido Nazi adoptaron el nombre nacional-socialismo por una cuestión de marketing: en la imaginación popular, tal denominación, al combinar los dos vocablos, podría ser la solución a los graves problemas que todos los días enviaba miles de personas a protestar a las calles, a saber:
Como la historia demuestra, en tales situaciones y en cualquier país del mundo, ronda el peligro de la tentación autoritaria. El pueblo pide orden, no importa de dónde venga. Sin ir muy lejos, fue lo que pasó en Argentina en 1976 cuando el golpe militar que derribó al patético y corrupto gobierno constitucional de Isabel Perón (tema que ya traté en otro artículo).
Volviendo a la Alemania Nazi, aun habiendo adoptado el nombre nacional-socialismo, muy conveniente en términos de marketing político, los jefes nazis declaraban públicamente que su movimiento era "diametralmente opuesto" a la ideología marxista que, por entonces, hacía década y media dominaba la URSS con la llegada de Lenin (1917) y luego Stalin (1924) al poder absoluto.
Por lo tanto, no hay diferencias entre estas ideologías en lo que se refiere a los métodos violentos que la cúpula dirigente - soviet, politburo - usa para controlar y subyugar a la sociedad. Si para vigilar y perseguir a sus compatriotas Stalin tenía a la NKVD, Hitler hacía lo propio con la Gestapo y Mussolini con la OVRA.
Claro que nadie se arriesgaría a preguntarles a Heinrich Himmler, jefe de las SS, a Reinhard Heydrich, "el carrasco de Hitler", o a Arturo Bocchini, idealizador de la OVRA, en qué nazismo y fascismo serían tan diferentes del comunismo de la NKVD de Lavrenti Beria ya que, con seguridad, corría el riesgo de nunca más salir vivo de los sótanos del régimen.
El error que mucha gente comete es idealizar a la derecha como un pozo de virtudes. Según esta línea de pensamiento todo en la izquierda sería muy malo, y todo en la derecha muy bueno, inclusive los llamados excesos autoritarios cometidos por regímenes militares, no sólo en América Latina. Esta idea es falsa y la historia nos ofrece innúmeros ejemplos de lo equivocada que está.
Por lo tanto, no se trata de una línea horizontal en la que las ideologías de extrema izquierda y extrema derecha están una a 180° de la otra sino que, por el contrario, están como en una circunferencia de 360° donde los extremos se tocan.
Tema apasionante para el debate, sin duda.
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