No hay duda que, con el anuncio del sorteo de su primera "dieta", como se le llama al sueldo que cobran los diputados en Argentina, Javier Milei - flamante diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires - se convirtió en uno de los fenómenos de marketing más estruendosos de los últimos tiempos.
La expectativa que generó el sorteo permitió que el recién electo Milei tuviera una presencia aun más marcante en el horario noble de la TV y las redes sociales. La gran sorpresa se dio hoy al conocerse el ganador de su primer dieta de $ 205.000 - al cambio actual aprox. USD 1.000 - lo cual en la Argentina de hoy es casi una fortuna: lo ganó un hombre que al ser entrevistado declaró ser kirchnerista - posición política que está en las antípodas de la de Javier Milei.
No voy a decir aquí que lo sabía porque no puedo probarlo, pero confieso que era lo que yo me temía. Por eso, voy a repetir lo que puse durante varios dias en mis redes sociales Facebook y Twitter y que, a esta altura, se convirtió en una profecía auto-cumplida.
Como liberal que soy declaro que respeto la libertad de Milei - y de cualquier otro - de hacer con su dinero (bien habido) lo que le plazca. Sucede que Milei anunció que con el sorteo quería dos cosas: a) hacer justicia y b) devolverle a la gente una parte de lo que el Estado le roba con los impuestos.
Desde el vamos dije que Milei no necesitaba hacer un circo mediático, como de hecho hizo, para deshacerse de su dieta. Si lo que quería era devolverle a la gente una parte de lo que el Estado le roba en impuestos, bastaba donar su sueldo todos los meses a una entidad de caridad diferente.
Llegué a colocar como ejemplo el caso de João Doria, ex intendente de la ciudad Sao Paulo y actual gobernador del estado de Sao Paulo, que todos los meses cumple su promesa de campaña y dona su sueldo a una institución de caridad diferente.
Y, premonitoriamente, dije también que, si lo que Milei quería era hacer justicia, dejarlo librado al azar por medio de un sorteo no era la mejor forma porque ese dinero lo podría ganar alguien que no lo necesita o no lo merece. Ironía del destino, fue lo que fatalmente sucedió: el sueldo de Milei lo ganó alguien que se declara kirchnerista y que dijo que usará el dinero para pagar deudas a bancos.
La verdad es que si Milei hubiera donado su dieta a un comedor o entidad beneficente, de los tantos que hay en Argentina, se habría hecho más justicia porque la dieta la habría recibido una entidad que realmente la necesita. Y la institución se podría haber sorteado también, lo que habría dejado a Milei satisfecho por la intervención del azar.
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