Como se no bastase el caso del presupuesto para 2022 que, enviado al Congreso en Set/2021, el oficialismo kirchnerista intentó aprobar, de un sopetón, en Dic/2021 para tomar de sorpresa a los diputados que acababan de jurar y, al ver frustrado su intento por la oposición, que se negó a aprobar el pliego entre gallos y medianoche, se negó (el oficialismo) a seguir negociando.
Esta semana el presidente Alberto Fernández (AF) le anunció al país que se había llegado a un acuerdo con el FMI. Su gobierno dejó el tiempo pasar, bicicleteó al FMI durante 2 años y sólo se apuró a alcanzar un acuerdo cuando se le prendieron las luces rojas del default.
Así que se conoció el anuncio y sin conocerse la letra chica del acuerdo, que aún no está terminado y por eso no fue divulgado, el presidente y su ministro de Economía, Martín "Sarasa" Guzmán, se transformaron en blanco de los ataques ya no de la oposición sino de una facción de su propia coalición conocida como kirchnerismo duro.
No deja de ser cómico: lo que se da en llamar núcleo duro no es más que un grupo de pillos a quienes sólo interesa perpetuarse en sus cargos en el Estado sin los cuales no son nada. Fuera del cargo público no tienen profesión, brillo propio, ni se conoce nada digno de mención que hayan hecho. No pasan de funcionarios mediocres con altos salarios y benefícios.
Dentro del bloque oficialista, la nota más alta de la insólita discordia la acaba de dar el diputado nacional por la provincia de Buenos Aires Máximo Kirchner, hijo del ex-presidente Néstor Kirchner y de la actual vice-presidente Cristina Fernández. A pesar de que nunca trabajó en su vida, Máximo es dueño de fortuna tan considerable como inexplicada.
Como gesto de protesta contra el anunciado acuerdo con el FMI que, reitero, aun no se conoce, Máximo renunció a su cargo de jefe del bloque oficialista - pero no a su banca ni a su dieta de diputado. Una renuncia puramente simbólica.
En el oficialista Frente de Todos (FdT) hay una confusa división entre cristinistas y albertistas, facción que parece nunca terminar de nacer. Sería cómico si no fuera trágico: un grupo que respondería a un pusilánime que ya dio suficientes muestras de no tener ideas ni iniciativas, un hombre incapaz de tomar decisiones y que no tiene proyecto ni grupo político propios.
La pseudo renuncia de Máximo es muestra cabal de: a) irresponsabilidad, y b) cobardía. Irresponsable porque pertenece a un gobierno al cual debería darle sustentación y que ha provocado el actual desastre económico y social. Cobarde porque con su renuncia intenta despegarse del caos que su propio gobierno causa con medidas francamente nocivas para el país y su gente.
El kirchnerismo intenta seguir engañando a la gente pero ya no lo logra. Nada de lo que las varias facciones del anacrónico peronismo - kirchnerismo, albertismo, alternativa federal - proponen es positivo para el país. Nada de lo que el gobierno AF ha hecho hasta ahora favorece el crecimiento, la producción y el empleo. Al contrario, la crônica diaria muestra que las empresas se achican, cierran, o se van del país.
Argentina necesita un cambio de 180°, volver a la Constitución de 1853, un choque de capitalismo que ponga nuevamente de pie a las fuerzas productivas del país. Argentina necesita producir, crear empleos, generar valor agregado y exportar.
Para que esto sea realidad es imprescindible apear del poder al gobierno kirchnerista antes que sea demasiado tarde y nos terminen de destruir el país.
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