El ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner (NK) y, por un breve período, de la misma CFK, durante años se había paseado por los programas de entrevistas políticas criticando duramente a su ahora compañera de fórmula. Al aceptar la invitación AF no hizo más que practicar el panquequismo explícito a que los argentinos tristemente se acostumbraron en los últimos años.
En mi análisis, que por entonces publiqué en las redes, calculé que AF ocuparía la presidencia durante un tiempo, de 6 meses a 1 año, para luego renunciar y dejarle el camino libre a su mentora. Y que, por cumplir su misión, recibiría de su jefa un jugoso premio en U$S con el que podría irse tranquilo al exilio y desaparecer de la escena política.
Mi vaticinio no se cumplió - al menos todavía - aunque por estos días se intensifican las críticas a la gestión de AF, un pusilánime, como ya dije, sin proyecto ni grupo político propios y, peor aún, incapaz de tomar las decisiones que el cargo exige y la Constitución le otorga. Como diríamos en Brasil, un banana.
Las críticas que se le hacen a AF vienen de todo el espectro político, pero principalmente de su propio grupo, el kirchnerismo duro, que en 2019 aceptó la decisión de CFK y lo llevó a la presidencia. Algunos analistas hablan - ahora ya en ton de broma, del Albertismo, un supuesto movimiento que intentaría rescatar el gobierno de AF con gente propia. Como sabemos, AF desperdició varias oportunidades de cortarse solo: sacarse de encima el yugo de CFK, armar su propio equipo de gobierno y salvar a su presidencia.
En cada intervención AF se encarga de confirmar su condición de hombre mediocre, pero con ínfulas de profesor. Su palabra está más devaluada que el peso argentino; un hombre que no sabe ni puede hacer nada para que el barco que debe comandar – la Argentina – no naufrague miserablemente en los 21 meses que aún le quedan de mandato - si es que ya no naufragó.
La suerte - si se puede llamar así - de AF es que, en su sagacidad política, CFK no va a querer tomar las riendas del gobierno con el país en estado tan deplorable:
- Inflación anualizada que ya llega al 65%;
- Pobreza 50% (75% de los menores de edad son pobres);
- Educación, salud y seguridad públicas totalmente desquiciadas;
- Déficit público explosivo cercano al 11% del PBI;
- Estado hinchado, caro e inoperante;
- Economía destrozada por políticas populistas que ahuyentan y quiebran empresas y destruyen el empleo.
Al kirchnerismo duro – da risa llamarlo así; no pasan de una manga de inútiles que sólo saben prenderse a la teta del Estado – le encantaría poder sacarse a AF de encima, pero no lo pueden hacer: la bomba de su rapina e incompetencia le estallaría a ellos mismos y, al “Ah, pero Macri” que tanto usan tendrían que sumarle “Ah, pero Alberto”.

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