Del baúl de memorias: el 25/09/1971 Carlos Monzón retenía su título mundial de boxeo ganándole a Emile Griffith. Los comentaristas de entonces denominaron su triunfo por No contest. Alberto Fernández está así: agachado en un córner del ring, recibiendo una paliza e incapaz de defenderse. La primera diferencia es que en el caso del inapto presidente argentino no hay un referee que lo salve parando la pelea. La segunda es que la paliza no le duele sólo a Alberto sino a toda la sociedad.
No (debe haber) hay en la historia argentina antecedentes de un presidente tan pusilánime al que sus propios (supuestos) aliados hayan basureado tanto. Uno sospecha que no sea más que un sainete que la cuadrilla kirchnerista ensaya para mantener a la sociedad entretenida mientras avanza hacia su verdadero objetivo: destruir al sector privado y terminar de cubanizar totalmente la Argentina.
Otra posibilidad es que Alberto no pueda tirar la toalla (todavía) porque, si lo hace, CFK no le daría la recompensa que, imagino, le debe haber prometido cuando, insólitamente, lo nombró candidato a presidente por Twitter. No se me ocurre otra razón para que el pobre infeliz se aguante tantos insultos y ninguneos y se preste a hacer, dentro y fuera del país, papelones que nos avergüenzan a todos los argentinos. A esta altura ya es posible hacer una antología de las estupideces que AF dijo públicamente en estos 2 1/2 años de su lamentable presidencia.
Hecho irrefutable: AF desperdició todas las oportunidades que tuvo de deshacerse del yugo kirchnerista. Menciono sólo algunas:
- En Mar/2020, cuando por las medidas iniciales contra la pandemia del covid-19 su aprobación popular llegó al 68%;
- En Ago/2021 cuando sus “aliados” lo insultaron de todo y culparon de haber perdido las elecciones de medio término.
- En Feb/2022 cuando Máximo Kirchner renuncia a presidente del bloque del FdT por no aprobar el acuerdo con el FMI.
Son momentos en que AF les podría haber pedido la renuncia a todos los funcionarios cristinistas que malgastan fondos públicos y reformular su equipo con gente capaz de resolver los verdaderos problemas argentinos – que no tienen nada que ver con los problemas judiciales de CFK. Pero para eso hace falta alguien con ideas claras, estatura de estadista y, principalmente, cojones.
La reciente renuncia del ministro de Economía Martín Guzmán es una clara muestra, hasta ahora la más contundente, del (des)gobierno AF: hace un año, en Jul/2021, el entonces ministro no pudo remover a un subalterno, el subsecretario de Energía Federico Basualdo, del riñón cristinista.
Un ministro con real autoridad lo hubiera exonerado sin miramientos y, si el subalterno no quisiera irse, lo sacaría del edificio con la fuerza pública. El bueno de Guzmán no: le pidió permiso al presidente, éste lo desautorizó por miedo a CFK y el subsecretario sigue en su puesto hoy más firme que antes.
La nueva ministra Silvina Batakis, alias La Griega, quien según trascendió sólo fue nombrada después de aprobada por CFK, ya debutó en la TV dando muestras de que es más de lo mismo y aún peor: habló de formadores de precios, planificar el uso de dólares, controlar precios. Todas recetas populistas que nunca funcionaron en ninguna parte del mundo y que llevaron a la Argentina a crisis económicas sucesivas y cada vez más profundas.
Basta de populismo corrupto y fabricante de pobres. Lo que Argentina necesita es un choque de liberalismo – antes que sea demasiado tarde y ya no haya país para salvar.

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