Todos los años para esta fecha los argentinos recordamos lo que se dio en llamar “La Gesta de Malvinas” que consistió en la sorpresiva toma de Port Stanley, capital de las Islas Falkland por un destacamento militar argentino. A partir de ese día la ciudad fue rebautizada Puerto Argentino.
Poco antes, en diciembre de 1981, el comandante en jefe del Ejército, Gral. Leopoldo Galtieri había dado un golpe de mano que derribó de la presidencia a su colega de armas, el Gral. Roberto Viola, colocándose al frente de la Junta Militar que gobernaba el país con mano de hierro desde el 24.03.1976.
Días antes del 2 de abril de 1982 la multitud que había protestado frente a la Casa Rosada contra la inflación galopante y la carestía de la vida volvió a la histórica Plaza de Mayo, pero esta vez para vivar a su más nuevo héroe, el hombre que había decidido recuperar militarmente las Islas Malvinas cuya soberanía hacía 149 años Argentina reivindicaba.
Por generaciones, desde pequeños, a los argentinos nos enseñan en la escuela que “las Malvinas son argentinas”. Las islas que los británicos llaman Falklands fueron ocupadas definitiva y militarmente por éstos en 1833, ocasión en que expulsaron a Luis Vernet, entonces gobernador de las islas nombrado por el gobierno argentino.
Este breve video de la BBC explica los cambios de posesión ocurridos en las Islas Malvinas entre los años de 1690 y 1833: https://youtu.be/pZmtP2UdGoI
En abril de 1982, la operación argentina quedó a cargo del Gral. Mario Benjamín Menéndez quien años después reveló que recibió la orden, con gran sorpresa y sin la debida antelación, directamente de su superior, el Gral. Galtieri, quien lo nombró gobernador de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur que también componen el archipiélago.
La ocupación militar de las islas que Argentina reivindicó sin éxito por la vía diplomática durante décadas atrajo la atención del mundo hacia un por entonces casi olvidado y frío archipiélago en el Atlántico Sur. En virtud del conflicto, la ONU, por medio de su secretario-general Javier Pérez de Cuellar, emitió nueva resolución – la anterior era de 1965 - instando a ambas partes a negociar.
Desde 1979 el Reino Unido era gobernado por la primera ministra Margareth Thatcher que enfrentaba la oposición del Partido Laborista y los sindicatos por su política económica liberal. Un enemigo externo era todo lo que La Thatcher necesitaba para solidificar su fama como Dama de Hierro. Desde el primer día ella decidió que no toleraría lo que consideró una afrenta argentina. Sólo tres días después, el 5 de abril de 1982, una fuerza tarea partió de Inglaterra con destino a las islas Malvinas.
Previa parada en la Isla Ascensión, la fuerza tarea británica tardaría dos semanas en llegar al teatro de operaciones. Mientras tanto, el secretario de Estado del presidente Ronald Reagan, Alexander Haig, volaba entre Washington, Buenos Aires y Londres con la intención de evitar la guerra inminente entre dos aliados de EE.UU.: el Reino Unido, uno de los principales miembros de la OTAN, y la Argentina, entonces su mejor aliado en el continente americano en la lucha contra la guerrilla comunista en América Central.
El Gral. Galtieri, reputado gran consumidor de scotch, debe haber imaginado que, por ser un ex-general retirado, el secretario Alexander Haig favorecería las pretensiones argentinas. Esto lo llevó a cometer su segundo y garrafal error. Cuando los británicos dejaron clara su decisión de enviar la fuerza tarea para recuperar militarmente las islas, Galtieri pronunció desde el balcón de Casa Rosada su famosa frase: “Si quieren venir que vengan; les presentaremos batalla”.
Alea jacta est. La suerte estaba echada. Aunque el Ejército y la Fuerza Aérea resistieron bravamente y los ataques argentinos que infligieron a los británicos pesadas pérdidas humanas y materiales, la falta de equipo bélico más moderno y en cantidad suficiente, la deficiente o casi inexistente planificación militar, la inadecuada preparación de nuestras tropas y la proverbial corrupción de los altos jefes militares argentinos en medio de la guerra determinaron que, en tan sólo dos meses y medio, en junio de 1982, Argentina capitulara.
Es imposible saber qué habría sido si, en lugar de ir a la guerra, Argentina hubiera cumplido la resolución de la ONU. ¿Podría Argentina haber forzado al Reino Unido a negociar y le ceder finalmente la posesión de las islas? Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que, si se hubiera sentado a negociar, Argentina se habría ahorrado la humillación internacional de una rápida derrota militar y las considerables pérdidas humanas y materiales que la guerra le ocasionó.
Después de sucesivos y desastrosos gobiernos peronistas Argentina, que hasta 1945 estaba entre los diez países con renta per cápita más alta del mundo, es hoy un país en franca decadencia, que no crece desde 2011, sufre de alta inflación y espantosa corrupción crónicas, cuyo gobierno se muestra incapaz de cuidar adecuadamente de su propio territorio y de su cada vez más empobrecida población.
Creo sinceramente que Argentina debería por ahora olvidar las Malvinas y aprovechar las elecciones del 2023 para concentrar esfuerzos en desvencijarse para siempre del kirchnerismo narco-corrupto-mafioso y reconstruir el país, antes que sea demasiado tarde y la casta política termine por cubanizarla y transformarla en instrumento de las ambiciones imperialistas de China en el continente.

Comentários
Postar um comentário