A esta altura Argentina sea tal vez el país más corrupto del mundo - o por lo menos donde con más frecuencia se conocen casos de corrupción. Con aprox. 150% de inflación anual Argentina ocupa hoy el segundo lugar (la inflación oficial divulgada por el INDEC es sólo un promedio y no la real) y amenaza al actual campeón mundial, Venezuela.
En el caso de Argentina (también de Brasil y otros países de América Latina) hace años la corrupción cambió de nivel. Del antiguo “Roba pero hace” pasamos al “Se lo roba todo”. El kirchnerismo, cuando gana una elección, ocupa todas las cajas del Estado que usa en beneficio propio.
Los funcionarios kirchneristas, empezando por la jefa de la cuadrilla, hacen sin pudor ostentación de su riqueza. Se dicen NacyPop pero vacacionan en los más caros resorts del mundo.
Cuando viajan no lo hacen a los países socialistas que dicen defender - no van a Cuba, Nicaragua o Venezuela - sino a las principales mecas del capitalismo: New York, Miami, Paris, Londres, Roma.
The winner takes it all. Es lo que el peronismo siempre hizo y que el kirchnerismo narco-corrupto-mafioso elevó a la enésima potencia. No hay otra forma de explicar la espantosa decadencia de Argentina que ya dura por lo menos 80 años.
En su programa Odisea Argentina el periodista Carlos Pagni dice que a la gente sólo le molesta la corrupción cuando la situación económica es muy mala (como ahora). Si cree que está más o menos bien - concepto relativo y que se ha deteriorado mucho en los últimos 20 años - la gente mira para otro lado.
Como suele decir el economista liberal y diputado José Luis Espert, "la gente no conecta lo que hace (o sea, lo que vota) con lo que le pasa". Es decir, a esta altura los argentinos ya deberían haberse dado cuenta de que, si votan a ladrones, hay 100% de probabilidad de que les roben.
Durante el gobierno Menem (1991-1999), gracias al Plan de Convertibilidad y la estabilidad monetaria del 1 a 1, los argentinos tenían en sus manos pesos-dólares, podían viajar por el mundo, comprar productos importados y viajar a EE.UU. sin visa.
Esta bonanza, estirada artificialmente mucho más allá de lo prudente, terminó cuando la bomba de efecto retardado dejada por Menem le explotó a su pusilánime sucesor Fernando De la Rúa, quien renunció en Dic/2001 con tan sólo 2 años en la Presidencia.
El interregno de Eduardo Duhalde fue breve, menos de 1 1/2 año, pero suficiente para consumar el desastre. Una vez más un peronista le mintió a su pueblo. Duhalde prometió, “El que puso dólares recibirá dólares”, perpetró el robo de los depósitos de la gente con la pesificación asimétrica y eliminó de facto el último vestigio de la Convertibilidad: el 1 a 1.
En los 12 años de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner la corrupción kirchnerista alcanzó niveles inauditos. Gracias al boom de commodities y los años de crecimiento chino - alrededor del 9% anual - la gente una vez más miró para otro lado.
Igual que a Dilma en Brasil, a Cristina Kirchner se le acabó el dulce a partir del 2011 junto con el derrumbe de los precios de las commodities. A esta altura U$S miles de millones habían desaparecido de las arcas públicas entre clientelismo y corrupción.
El actual escándalo de Martín Insaurralde, un torpedo debajo de la línea de flotación de la campaña del ministro-candidato Sergio Massa, no es el primero ni el único. Los argentinos son bombardeados con escándalos de corrupción cada vez más graves hace décadas. El playboy Insaurralde no roba sólo para él sino que es la cabeza más visible de un aceitado grupo criminal que hace poco más de 2 décadas llegó al poder y lo transformó en su botín.
Hay grandes semejanzas entre el caso Martín Insaurralde y el de Leonardo Fariña: dos tipos a los que su cercanía con el poder los embriagó, les hizo perder contacto con la realidad y los llevó a ostentar una vida de lujos que con su actividad conocida, el blanco, no pueden justificar.
Hay semejanzas también con Sergio Cabral, exgobernador de Río de Janeiro, aliado de Lula y recientemente liberado por la (in)justicia brasileña. Cabral embolsó U$S cientos de millones, mandó construir una enorme mansión, compró un lujoso yate y le regaló a su mujer un valiosísimo anillo.
De toda esa súbita e inexplicable riqueza no tuvo mejor idea que hacer ostentación en redes sociales. Al terminar su segundo mandato y dejar la gobernación, Cabral seguía cobrando una jugosa mensualidad de las constructoras que había beneficiado con obras sobrefacturadas en su estado.
Hace mucho la corrupción dejó de ser un problema menor, una comisión que alguien cobra por una obra. En las últimas décadas la corrupción pasó a ser la razón de ser de grupos políticos y económicos. Es lo que explica, en parte, la inaudita decadencia argentina, país que entró al siglo XX como uno de los más ricos del mundo y al siglo XXI como uno de los más pobres.
El artículo de La Nación a seguir da una breve idea de los niveles insólitos que la corrupción alcanzó en Argentina y que le cuestan al país el presente y el futuro de generaciones de argentinos:
https://www.lanacion.com.ar/politica/el-documento-explosivo-de-eeuu-que-apunta-a-dinero-negro-de-funcionarios-argentinos-nid11102023/
No será posible salir del actual estado de degradación sin una profunda reforma política y económica y una Justicia rápida y eficiente que persiga, procese y encarcele a los responsables de tal decadencia.
Probablemente las elecciones de Oct/2023 sean la última oportunidad de los argentinos de dar vuelta el curso de esta triste historia.

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