La premonición de Javier Milei de antes de la campaña, “Si entro al ballotage, soy presidente” finalmente se cumplió. Para mí no hay duda de que en 1ra vuelta hubo fraude: no es posible que el ministro-candidato Sergio Massa haya saltado de 3ro con 20% en las PASO a 1ro con 36% en la 1ra vuelta. Algo muy raro pasó (¿software SmartMatic?). Muchos temíamos que el fraude se repitiera en la 2da vuelta. Felizmente no sucedió.
Javier Milei sabe que tiene por delante un desafío colossal: los sucesivos gobiernos kirchneristas y, especialmente, el del Alberto Fernández – un hombre tolo y arrogante que se reveló un pusilánime y se dejó vapulear e insultar por aliados y adversarios – han puesto a Argentina rodillas y aumentado la pobreza a niveles nunca vistos.
El último 1 1/2 año de gestión de Sergio Massa como ministro de Economía no podría haber sido más desastroso: inflación (oficial) de 150% a.a., precios de los principales alimentos aumentando más del 300% a.a., y pobreza e indigencia cercanas al 50%. Sería prueba de locura colectiva en el electorado argentino que quien generó tal desquicio ganara la elección.
Para resumir el problema argentino, desde la vuelta de la democracia en 1983, el populismo y la irresponsabilidad fiscal, sin importar el color político (peronista o radical) multiplicó el gasto público por 2 y la pobreza por 8.
Pero la irresponsabilidad fiscal y la mala praxis económica no son los únicos factores que explican la larga decadencia de 80 años de Argentina: hay que incluir en la cuenta la galopante corrupción, que invariablemente se multiplica con gobiernos peronistas y que, en los 20 años de kirchnerismo llegó a niveles inauditos.
Para que su gobierno no empiece a naufragar desde el comienzo es imprescindible que Javier Milei no cometa el mismo error de Mauricio Macri cuando heredó la bomba que CFK le dejó armada: creer que bastaría una media suela – unificar el mercado de cambio y volver a los mercados voluntarios de deuda – y seguir financiando el déficit público con deuda y emisión.
Desde el primer día Javier Milei tiene que cortarles los víveres a los gerentes de la pobreza – Belliboni, Grabois, D’Elía, Persico, Navarro, Esteche – un grupo de aprovechadores que se benefician del descalabro económico generado por el mismo gobierno que integran y dicen defender.
Javier Milei tiene que:
- Auditar urgentemente todos los planes sociales;
- Cortar del sistema a todos los falsos beneficiarios;
- Que el subsidio, mientras dure, vaya directamente al beneficiario.
Al mismo tiempo que achica el Poder Ejecutivo y recorta al máximo el gasto improductivo – Milei dijo que tendrá como máximo 7 u 8 ministerios en lugar de los increíbles 23 actuales – otro desafío es limitar una de las principales fuentes de emisión e inflación: las llamadas transferencias discrecionales, algo diferente de la coparticipación: dinero que el PE envía a las provincias con criterios exclusivamente clientelistas y alejados de la eficiencia económica.
De las 24 provincias argentinas, 20 ó 21 son deficitarias, es decir, recaudan en impuestos menos de lo que necesitan para mantener su propio aparato estatal. La situación se repite en los municipios. Las partidas presupuestarias que el PEN envía a gobernadores son distribuidas por éstos a los intendentes de los municipios también con criterio clientelista.
Este mecanismo perverso condena a provincias y municipios a la eterna dependencia de la emisión inflacionaria. Muchas de esas provincias y municipios se convirtieron en auténticos feudos donde siempre gobiernan los mismos.
Por estos días hay una verdadera danza de la silla en que futuros ministros son anunciados y luego desestimados. Esto da cuenta de la poca experiencia política y la falta de cuadros propios de Javier Milei que no debiera permitir tanto ruido nocivo a su alrededor.
Como le aconsejó el Prof. Juan Carlos de Pablo, Milei debe ahora callarse, concentrarse en armar su equipo y sólo volver a hablar el día 10/12 cuando asuma la Presidencia.

Comentários
Postar um comentário