No me refiero a la película argentina de 1985, de gran éxito mundial, que retrató, entre otras barbaridades, el robo de bebés hijos de (en su mayoría) militantes de organizaciones guerrilleras y/o de izquierda que caían en las mazmorras clandestinas del último régimen militar (1976-1983). Durante los años del tristemente célebre Proceso hubo una historia oficial que luego, durante la vuelta a la democracia, se fue modificando hasta invertir totalmente su signo.
No obstante los diversos conteos de muertos y desaparecidos por el Terrorismo de Estado, inclusive de la oficial Conadep promovida por el entonces presidente Raúl Alfonsín, mostrar números siempre debajo de los 9.000 seres humanos, la izquierda siguió machacando hasta consagrar el número de 30.000, aún sin nunca haberlo probado. El gobierno kirchnerista llegó al absurdo de querer imponer ese número por fuerza de ley.
No fue suficiente ni la declaración pública de Luis Labraña, exguerrillero de FAP, FAR y Montoneros, quien confesó ser el inventor de los 30.000 en una reunión con un grupo de Madres en Ámsterdam donde se había exiliado después de haber sido capturado, torturado y libertado. El número que las Madres le presentaban, de alrededor de 3.800 desaparecidos, no era suficiente para sensibilizar a la opinión pública europea y obtener los fondos que tanto buscaban.
It’s all about money, baby. Declararse sobrevivientes del Terrorismo de Estado le valió a muchas supuestas víctimas indemnizaciones millonarias, como es el caso de la actriz y cantante Nacha Guevara (nombre artístico de Clotilde Acosta que deschava su inclinación política). La performer alegó persecución por la AAA, organización terrorista armada desde el Ministerio de Bienestar Social por su entonces titular y hombre fuerte José López Rega, por lo cual pasó 2.856 días en el exilio a partir de enero de 1976, o sea, iniciados durante el gobierno constitucional de Isabel Perón, que sólo sería derrocado en marzo de ese año. El exitoso victimismo de Nacha, hoy con 83 años, le aseguró en mayo de 2022 una jugosa indemnización de $ 11,6 millones. Nada mal.
La verdad es que nunca fueron 30.000 y lo que nos vendieron como jóvenes idealistas que luchaban por una sociedad libre eran en realidad terroristas asesinos dispuestos a matar inocentes y hasta niños con tal de alcanzar su objetivo: implantar en Argentina una dictadura socialista a la cubana con ellos en el poder. A partir de 1973, durante el gobierno constitucional peronista, muchas paredes de Buenos Aires amanecieron pintadas con consignas tales como Patria Socialista.
Muchos de esos falsos paladines de la libertad se entrenaron en Cuba y tuvieron financiación de la URSS. Dirigentes guerrilleros cobardes como los Montoneros Mario Firmenich, el recientemente fallecido Roberto Perdía y otros fueron responsables de la muerte de centenas, tal vez miles de jóvenes incautos a quienes los jerarcas de la organización usaron como carne de cañón mientras ellos se preservaban para vivir del producto de los secuestros. Montoneros, si alguna vez tuvo idealismo, incorporó a FAP y FAR y rápidamente se convirtió en una multinacional terrorista con la que sus jefes se hicieron millonarios.
Con la llegada de Javier Milei a la presidencia, este 24/03/2024 es la primera vez que la fantástica historia oficial de los inexistentes 30.000 desaparecidos es contestada desde el propio Estado Argentino. La actual vicepresidente, Victoria Villaruel, fue fundadora y presidente del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), organizado justamente para reivindicar la memoria de las víctimas de las organizaciones guerrilleras que, para llevar a cabo sus atentados, ponían bombas y mataban sin importar a quién.
Esto para nada atenúa o borra la catástrofe humana, política, social y económica que fue el mal llamado Proceso de Reorganización Nacional con que la dictadura militar implantada el 24/03/1976 denominaba a si misma. Nada en el mundo puede justificar cárceles clandestinas, torturas, violaciones, asesinatos, robos de bebés, vuelos de la muerte.
Por otro lado, el golpe militar de marzo de 1976 no se dio porque un general se levantó esa mañana con ganas de derribar al gobierno constitucional. Al contrario, en 1976 hacía por lo menos 10 (diez) años que diversas organizaciones guerrilleras – las formaciones especiales que Perón fogoneaba desde su confortable exilio en Puerta de Hierro, Madrid – cometían cruentos ataques terroristas contra jefes policiales, militares y guarniciones cobrándose también muchas víctimas civiles.
Los atentados guerrilleros se intensificaron aún más durante el caótico gobierno peronista (1973-1976). José Ignacio Rucci, secretario-general de la central obrera CGT y gran aliado y amigo personal de Perón, fue fusilado en pleno día en setiembre de 1973 por un grupo comando de Montoneros.
Sobre el golpe militar de marzo de 1976 ver más aquí
Nunca fueron 30.000. No eran jóvenes idealistas sino guerrilleros terroristas asesinos.

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