Hace 2 días el presidente Javier Milei, acompañado de todos sus ministros, anunció por cadena nacional desde la Casa Rosada la firma del acuerdo que Argentina venía negociando con el FMI y el fin del cepo cambiario. Después de 6 años, el lunes 14/4/25 los mercados abrirán con el dólar cotizando libremente en la banda dispuesta por el gobierno entre $1.000 y $1.400.
Hecho histórico por donde se lo mire: por primera vez en la trayectoria de los 23 acuerdos argentinos con el FMI no se trata de un pedido desesperado de salvataje financiero porque se hicieron mal las cosas.
Al contrario, esta vez Argentina llega al nuevo acuerdo con el deber de casa hecho de antemano: superávit fiscal y financiero, baja espectacular de la inflación, economía en franco crecimiento, ambicioso avance de la desregulación, reducción de 20 p.p. en los índices de pobreza e indigencia, salarios y jubilaciones creciendo en términos reales.
Javier Milei debe ser caso único en la historia mundial de un presidente que resulta electo sin prometer lo imposible y diciendo exactamente el duro ajuste que haría. Desde el comienzo dijo que sus metas eran más ambiciosas que las del propio FMI y lo demostró. El ministro Luis “Toto” Caputo cuenta que le decían que sería imposible reducir el déficit fiscal más allá de 1 p.p del PBI en 1 año y él eliminó 5 p.p. en tan sólo 1 mes.
Hacía meses que periodistas, analistas y opinólogos en general insistían que el gobierno Milei tenía que salir del cepo, que por qué no salía del cepo, que cuándo saldría del cepo. Son los mismos a los que no pareció importarles cuando el super hiper corrupto gobierno kirchnerista anterior vació el BCRA de dólares y lo llenó de papelitos sin valor, las llamadas letras intransferibles.
Ahora que, gracias a la entrada de divisas del acuerdo con el FMI, el gobierno capitaliza nuevamente al BCRA y determina el fin del cepo, la mayoría de los medios sigue con las noticias sombrías: que va a pasar con el dólar, a cuánto se va el dólar, el dólar esto, el dólar aquello, mostrando que muchos aún no cambiaron su mentalidad que sigue siendo especulativa.
Si el dólar está alto, el argentino se queja y si el dólar está “atrasado” también se queja. Si el gobierno devalúa, el argentino se queja y si no devalúa también se queja. Es el resultado de un país que se quedó en el pasado con una población que trató de defenderse como podía de los desastres que sucesivos gobiernos hacían con la economía y los resultantes ciclos de hiperinflación.
Es el eterno gataflorismo argentino. La mayoría de los brasileños que me leen no deben conocer el cuento de la Gata Flora: “Si se la ponen grita, si se la sacan llora”. Al argentino promedio no hay poronga que le venga bien.
Muchos dicen “esta ya la vimos”. No, no la viste campeón. Nunca, por lo menos en los últimos 50+ años, se liberó el mercado de cambio con superávit fiscal. Al contrario, siempre se hizo como medida desesperada en medio de un proceso de hiperinflación generado por el déficit fiscal.
Fue así inclusive durante la Convertibilidad: para llegar al "1 a 1" fue necesario que el Austral llegara a 10.000 por U$S 1 y sólo allí le cortaron los 4 (cuatro) ceros para denominarlo de nuevo peso.
Como dice Salvador Di Stefano, “la gente tiene que cambiar el chip”. Lo de Milei no es un nuevo plan económico sino un cambio de paradigma.
La Argentina de la no producción, la especulación con el dólar y la inflación quedó atrás. Ahora es el tiempo de ahorro, inversión productiva, aumento de la producción y el comercio.
Es el tiempo de mejorar los índices de productividad, agregar valor, crecer, desarrollarse y enriquecer.
Argentinos, a las cosas.

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