El lunch de la confitería Pangua, completo e insuperable. La noche de sábado, calurosa y estrellada, típica del verano bonaerense. Tío Chichito, trabajador de los de antes, de esos que realmente trabajaban, tiraría literalmente la casa por la ventana: era la fiesta de 15 de mi prima Nori, segunda hija de su matrimonio con tía Hilda. La simple pero confortable casa de El Palomar, aun en expansión, llena de familiares y amigos, fue palco de una fiesta inolvidable, a la que no faltó la presencia de la querida y recordada abuela Josefa.
Hacia el final, cuando muchos ya se habían ido, un grupo continuó el festejo en el patio del fondo. Allí, fogoneado por la familia y acompañado por Guille con su guitarra, me puse a recitar improvisadamente un poema gauchesco, de final inesperado, que mucho hizo reír a los presentes.
Sí, el sábado 19 de enero de 1974 fue una fecha muy especial en más de un sentido. No sólo para nosotros, en una fiesta familiar que nadie podrá borrar de sus mentes, sino también para el país. Esa noche, mientras el ágape estaba en su apogeo y alegres consumíamos exquisitos triples de miga y copas de deliciosa sidra helada, grupos armados de la organización guerrillera guevarista ERP iniciaban el ataque al Regimiento 10 de Caballería Blindada de Azul.
Es posible que los adultos se hayan enterado esa misma noche. Con la euforia de mis 16 años y la alegría de la fiesta volví a casa de madrugada, dormí hasta muy tarde y, claro, sólo me enteré al día siguiente.
Hacía tres meses, desde octubre de 1973, Juan Domingo Perón era nuevamente presidente. El hombre que muchos argentinos habían esperado durante 18 años volvía a regir los destinos del país. En ese momento Argentina gozaba de plena libertad de prensa: había diarios y revistas de todo el arco político imaginable, de la extrema derecha a la extrema izquierda.
El ataque del ERP fue un fracaso del punto de vista militar y para la imagen pública de la organización y se cobró la vida no sólo de guerrilleros sino también de militares, sus familiares y hasta de conscriptos – por ese entonces el servicio militar era obligatorio.
El gobierno consideró este ataque una afrenta intolerable. En su mensaje por cadena nacional de radio y TV Perón responsabilizó directamente a Oscar Bidegain, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y conocido simpatizante de las otrora “formaciones especiales” como Montoneros, a quien acusó de “desaprensión”, “incapacidad” y “tolerancia culposa”.
El gobierno consideró este ataque una afrenta intolerable. En su mensaje por cadena nacional de radio y TV Perón responsabilizó directamente a Oscar Bidegain, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y conocido simpatizante de las otrora “formaciones especiales” como Montoneros, a quien acusó de “desaprensión”, “incapacidad” y “tolerancia culposa”.
Al referirse a los guerrilleros Perón usó expresiones tales como “asaltantes terroristas”, “enemigos de la patria”, “accionar disolvente y criminal” y “organización con objetivos y dirección foráneos”.
De la misma forma que siempre recordaremos la imborrable fiesta de 15 de mi prima Nori, es bueno que incautos y desmemoriados recuerden que la represión a las organizaciones de la guerrilla armada, algunos de cuyos jefes operan en el gobierno kirchnerista, empezó durante el gobierno de Juan Domingo Perón y se intensificó bajo su esposa y sucessora Isabelita con los decretos de aniquilamiento de febrero de 1975.
Este sangriento período de nuestra historia reciente, por lo tanto, no comienza con el golpe militar del 24 de marzo de 1976 sino bajo el gobierno popular de Juan Perón, quien en las elecciones de setiembre de 1973 había recibido impresionantes 56% de los votos.
Que nuestros héroes sean dignos y genuinos, como el Gral. José de San Martín, y no asesinos alucinados con segundas intenciones que ahora intentan torcer la historia.

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