Tiempos
atrás un brasileño me preguntaba por qué casi todas las letras de tango hablan de dramas: la mamá o la novia que se muere dejándolo al tipo desconsolado; uno que tenía mucha guita y vivía muy bien queda en la miseria; al quedarse sin dinero el tipo descubre que no tiene amigos; otro deja a su
mujer y se arrepiente cuando ya es tarde; una mujer deja a su hombre para irse
con otro; otra deja a su compañero para hacerse bataclana de cabaret.
El
tango es drama y los argentinos llevamos a ambos dentro.
Recordaba todo esto
hoy luego del partido Argentina 2x1 Nigeria. Se dio el triunfo que tanto ansiábamos
y que nos dio una agónica clasificación a octavos pero no sin sufrimiento y entre nigerianos y árbitros casi nos escupen el asado.
Hay que
hacer un enorme esfuerzo para entusiasmarse con esta selección que, es triste
decirlo, no se sabe a qué juega. Es posible que ni ellos lo sepan. Es este un grupo
sin personalidad, sin juego de equipo y sin ganas en el que cada uno espera para
ver qué va a hacer el otro.
La fórmula
que le funcionó a Sabella en 2014 – [Messi + 10] – y que nos hizo llegar a la
final con Alemania, no le funciona a Sampaoli. Para peor, el DT, según dicen, no
comanda el grupo. La falta de autoridad del DT se ve clarito: los hombres juegan
el fútbol que saben pero no en equipo; no se ocupan los espacios que se
generan a medida que las escuadras se mueven en campo; no hay jugadas ensayadas, sólo
intentos individuales; no se ejecutan bien los córneres a favor.
Esta sea tal vez la peor selección argentina de los últimos años.
La formación
de hoy fue cautelosa. Para clasificar, Argentina tenía que ganar. Otro resultado
no le servía. Por eso salió con un “doble cinco”, Mascherano y Banega, para tener
la pelota en el medio. El tema es que falta un jugador de creación capaz de leer el partido y
armar las jugadas. Banega fue preciso y seguro en la distribución pero no es hombre
de creación. Enzo Pérez tampoco. Messi y Di María son atacantes, esperan que el balón les llegue y no hacen esa función.
Se cuida
mucho la pelota pero se ataca poco. Hay mucha entrega, hay que reconocerlo, pero
poca eficacia ofensiva. El marcador lo demuestra. La mayoría de los ataques se pierde
en pases mal dados y pelotas perdidas. Y en defensa el viejo vicio argentino
del pasecito atrás o al costado termina provocando errores que se pagan caro.
Hoy una vez
más Sampaoli hizo mal los cambios. Al empatar Nigeria con un insólito penal
todo el equipo sintió el golpe. Era el momento de poner al bajito Agüero por el
ineficaz Higuaín, una vez más peleado con el balón. El Kun podría sacarles
ventaja a los grandotes nigerianos y meterse gambeteando al área. Descontando el
gol que perdió, Higuaín nunca molestó a la defensa de Nigeria.
A partir de
ahora el juego cambia. Se terminó la especulación por puntos. Los partidos son eliminatorios. Sólo no perder no sirve. Para seguir adelante
hay que ganar. La esperanza está intacta. En la cancha se ven los pingos.
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