Acabo de ver en YouTube una entrevista de ayer de José Luis Espert en el que se manifiesta, como suele hacerlo, contra la permanencia de Argentina en el Mercosur. Según el economista y diputado nacional, al Mercosur, una unión aduanera, le falta como condición primordial ser un tratado de libre comercio. Con acierto, Espert menciona que el principal producto de intercambio entre Argentina y Brasil es en el sector automotriz, justamente un mercado no libre sino administrado.
Dice Espert que no es posible un mercado común entre iguales y que tal alianza comercial sólo podría darse entre países diferentes. Según él Argentina y Brasil serían “iguales” lo que es una traba para elevar el comercio entre los dos países a un nivel tal que promueva el crecimiento y desarrollo también de los dos "socios menores" (comillas mías), Paraguay y Uruguay.
Opino que no es así. Si tomamos como ejemplo el caso de Europa vemos que el germen de lo que hoy existe se inició en 1944, aún antes del final de la WW II, con el BENELUX, unión aduanera entre Bélgica, Holanda y Luxemburgo, al que le siguió la CECA (Comunidad Europea del Carbón y el Acero), fundada en París en 1951 por Francia, Bélgica, Holanda, Alemania Occidental, Italia y Luxemburgo.
En 1957 se firmó el tradado del Mercado Común Europeo (MCE), inicialmente por las naciones de la CECA, a las que en 1973 se sumaron Dinamarca, Inglaterra e Irlanda. El MCE fue evolucionando hasta convertirse en la Unión Europea (UE) actual.
Los países europeos, si bien diferentes entre si e inclusive entre regiones de un mismo país, como en el caso de las regiones de Cataluña y el País Basco en España, o el caso del desarrollado norte y el empobrecido sur en Italia, esas naciones son también similares en muchos aspectos. España, Francia e Italia producen vinos, quesos de gran calidad y no por eso andan peleándose. Al contrario, el intercambio de gran variedad de productos y servicios beneficia a todos.
En el caso de Europa se trata de un continente que, mucho antes de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) había estado envuelto en constantes y sucesivas guerras por lo que la paulatina integración entre los países no fue precisamente fácil. Felizmente esos países alentaron una visión de futuro conjunto y aún con todas las dificultades lo llevaron adelante.
En el caso del Mercosur, no siempre fue la tristeza que vemos hoy. Al contrario, en otros tiempos Argentina supo venderle a Brasil una gran variedad de productos, inclusive automóviles y ropas, con especial destaque para los géneros alimenticios. En los siempre bien abastecidos supermercados de São Paulo era posible comprar carnes, leches, quesos, galletitas, dulces y otros productos argentinos, inclusive zapatillas deportivas y calzoncillos de marcas internacionales “Made in Argentina”. Ya me referí a este tema otras veces aquí.
La decadencia del Mercosur. Comenzó a partir de los gobiernos populistas de Néstor y Cristina Kirchner en Argentina y Lula y Dilma en Brasil, cuando dejó de ser un instrumento de promoción del comercio entre los países miembros y se vio transformado por los gobernantes de los dos socios mayores en palco para promoverse políticamente en el plano local y promover el populismo, dirigismo, intervencionismo e inflacionismo en el plano subcontinental.
Por esos años unos y otros se apoyaban en el boom de las commodities que algunos imaginaron duraría para siempre y que, en el caso argentino, fue usado para promover el clientelismo y la corrupción. Las consecuencias inevitables fueron el deterioro social, decadencia económica, inflación, recesión, empobrecimiento.
En las últimas 3 décadas por lo menos, Argentina no supo aprovechar la ventaja de tener como socio en el Mercosur un país con un mercado interno mucho más grande que el propio. Brasil siempre tuvo aprox. 5 veces la población de Argentina. Para ilustrar, los brasileños eran 90 millones en 1970, cuando ganaron el tricampeonato mundial y la Copa Jules Rimet. Argentina por su parte sólo tenía 25 millones de habitantes en 1978 cuando ganó su primer mundial de fútbol.
Aunque no le fuera posible multiplicar por 5 su capacidad de producción y exportación, con que hubiera multiplicado sus mercados de exportación por 2 ó 3 Argentina ya habría alcanzado una escala envidiable y paulatinamente sin aranceles de importación a partir de los tratados del Mercosur firmados en 1991 por los entonces presidentes Sarney y Alfonsín.
Claramente, el populismo y proteccionismo argentino fue mucho más nefasto y destructivo que el brasileño, aun con todas las críticas que se le puedan hacer a este último.
Esto no es teoría económica sino experiencia práctica de quien actuó como representante de empresas y ejecutivo de negocios internacionales a ambos lados de la frontera.

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